Abies alba

Familia : Pinaceae

 

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Texto © Eugenio Zanotti

 

 

Traducción en español de Laura María Barroso Rodríguez

 

 

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Abies alba, presente en nuestro planeta desde hace 55 millones de años, llega a los 75 m del altura © Giuseppe Mazza

El género Abies incluye, según de varios autores, (40) 48 hasta 55 especies de coníferas perennifolias distribuidas en América Cental y del Norte, Europa, Asia y Norte de África, principalmente en áreas montañosas.

El Abeto blanco ( Abies alba - Mill.1768) ya estaba distribuido por nuestro planeta hace 55 millones de años y aún ahora esta especie, considerada una de las más bonitas e imponentes coníferas europeas, extiende su área de distribución (orofita sur-europea) desde un núcleo principal alpino-centroeuropeo (Alpes, Jura, Selva Negra) que se radia hasta los Sudetes y los Cárpatos, los Balcanes, hasta entrar en contacto con el área de distribución de Abies cephalonica, y hasta el Aspromonte, Córcega, Auvernia y los Pirineos.

El nombre clásico del género, usado desde tiempos de Virgilio, parece derivar de la raíz sánscrita “abh”, manar, debido a la resina que baja a lo largo de la corteza de los troncos. Otros autores lo relacionan con el latín “abire”: irse, marcharse, probablemente entendido como alejarse del suelo, viendo la destacable altura alcanzada por los árboles pertenecientes a este género.

El epíteto específico “alba”, del latín “álbum”: blanco, se refiere a la corteza gris-blancuzca y a las hojas aciculares y aplanadas que presentan dos líneas longitudinales en su envés.

Es la especie más apreciada como árbol de Navidad, seguido del Abeto rojo o Pícea común o Pícea europea (Picea abies).

El abeto blanco es el árbol de primera magnitud alcanzando alturas notables desde los 40 a los 60 (75) metros y un diámetro de 2-3 m y una considerable longevidad (hasta 400 años, excepcionalmente más de 600).

El tronco es recto y columnar, con la corteza lisa salpicada por vesículas de resina, blanca-cenicienta cuando joven, y más adelante agrietada en placas delgadas, volviéndose gris-blancuzca con la edad, secretando resina.

Sistema radicular axonomorfo con raíces oblicuas, fuertes y profundas.

La copa verde oscura, piramidal, con reflejos plateados, cónica o casi cilíndrica en bosque, formada por ramas principales con corteza marrón oscura, horizontales (ascendiendo en la mitad superior) en verticilos, y ramas secundarias dísticas; las ramas jóvenes son ocráceas-rojizas, pubescentes, con ausencia de braquiblastos.

Las hojas persisten durante varios años (en promedio, 5-6 hasta 10-12), lineares, flexibles, solitarias, de 1,5-2,5 x 10-12 (30) mm, algo estrechas en la base, romas en el ápice, con sección plana, acanaladas a lo largo de la nervadura central, de un color verde oscuro casi brillante en su haz, blanco por abajo, con dos filas longitudinales de estomas. Los silvicultores nombran las hojas con los términos de “acículas de luz” a aquellas de las ramas superiores, más expuestas, rizadas y rígidas, y “acículas de sombra” a aquellas en umbría en las ramas más bajas, suaves y dispuestas a ambos lados de ellas.

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¿Alguna duda de si es abeto blanco o pícea europea? Es simple: las piñas del abeto blanco (Abies alba) se muestran erectas mientras que las de la pícea (Picea abies) se muestran orientadas hacia abajo © Mazza

Yemas pequeñas, aisladas o en grupos de tres, brillantes y no resinosas.

Planta monoica con numerosos estróbilos masculinos amarillo-verdosos con escamas purpúreas en las axilas de las hojas de la superficie inferior, en las ramillas de un año de edad; los conos femeninos que maduran al primer año; cargados a menudo sobre ramas del tercio superior de la copa, erectos, de cilíndricos a ovoides, 10-15 (18) cm de largo y 3 cm de ancho, inicialmente verdes, después violáceo-verdosos y finalmente tornan marrones.

Después de la fecundación (anemófila) que ocurre en abril-mayo, las escamas cuando están maduras se desarticulan y caen del eje (persistente) liberando las semillas, 6-9 mm de largo, blanco-amarillentas, con las alas el doble de largas, que son dispersadas por el viento.

Cada 3-5 años, durante los llamados “años pico”, la producción de polen es muy vistosa; tanto que lo llaman “lluvia de azufre”.

Para su multiplicación los conos (o piñas) son recolectados en septiembre-octubre y expuestos al sol hasta la maduración y liberación de las semillas (6-10 kg de semillas por cada 100 kg de conos).

El abeto blanco crece en los bosques de regiones montañosas en la franja del haya (400-1800 m de altitud); cuando es dominante “tiene una sugestiva belleza propia: los altísimos troncos, que a veces alcanzan dimensiones colosales, se yerguen como columnas de una severa catedral gótica, impregnados de penumbra que parece inducir al recogimiento y la meditación. Ningún paisaje de forestal fue más adecuado para enmarcar el refugio de los ermitaños, las celdas de los monjes y los grandes y muy celebrados monasterios medievales, casi a continuación de la más vieja tradición de la antigüedad clásica ” (Valerio Giacomini).

A lo largo de la cordillera alpina vive en la zona montañosa entre 800 y 1500 m de altitud mientras que a lo largo de los Apeninos desciende hasta los márgenes de encinares y robledales (100-200 m). Las plantas jóvenes pequeñas son esciáfilas en los Alpes y heliófilas en los Apeninos.

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Por otra parte, pero teniendo que observar una rama detenidamente, las hojas presentan dos líneas blancas longi-
tudinales en el envés. En abril-mayo los estróbilos masculinos, aquí mostrados, liberan llamativas nubes de polen © Giuseppe Mazza

Una especie endémica afín al abeto blanco está presente en Sicilia: el Abeto siciliano ( Abies nebrodensis ), que tuvo riesgo de extinción en las montañas Madonia y que, gracias a la intervención de los botánicos y los forestales, ha sido multiplicado y reintroducido.

La madera de este de abeto, de color blanco-opaco o amarillento, con anillos bien distintos y sin duramen aparente, está casi sin resina (presente solo en la corteza), fino en textura y veteado recto, ligero y blando (densidad 440 kg/mc), fácil de trabajar, discretamente flexible pero poco resistente a los golpes y poco duraderas también porque, al no tener resina, es fácilmente atacable por los insectos.

Mediocre como combustible, es usado en carpintería para estructuras de construcción y embalaje, se fabrican cerillas y palos para los helados, en la industria del papel, especialmente para papel de periódico.

Sus troncos erctos y sin nudos, bastante elásticos en relación con la densidad de la base, fueron ampliamente empleados como mástiles de veleros; la corteza, rica en taninos, como la de la Pícea europea (Picea abies), ha sido empleada durante mucho tiempo en la industria del curtido pero dicho uso no es muy conveniente en nuestros días y ha sido abandonado.

Otras especies del género Abies, son frecuentemente cultivadas especialmente para ornamentación ( Abies pinsapo, Abies cephalonica, Abies silicica, Abies grandis, Abies nordmanniana, Abies numidica, etc.), distinguibles por las características de sus hojas (afiladas o romas), las yemas (resinosas o no), por el tamaño de los estróbilos, por el porte, etc.

Durante los estadios juveniles el abeto blanco mantiene un crecimiento lento, tolerando durante un largo tiempo la sombra y capaz de recuperar el desarrollo en presencia de luz.

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Las piñas femeninas, 10-15 cm de largo, pasan de verdes a verde-violáceas y, finalmente, a marrones. La madera, ligera y blanda, es manejable, pero escasa en resina así que fácil de atacar por insectos. De poca durabilidad y poca calidad como combustible, es ahora usada para embalaje, cerillas, palos de helados y en la industria del papel © Giuseppe Mazza

Es una especie mesófíla y esciáfila que ama el clima subatlántico, relativamente microterma, que exige una constante atmósfera húmeda y teme la sequedad estival, por eso prefieren la exposición hacia el norte.

Les encantan los suelos frescos y húmedos, evitan los compactos o si contienen estancamientos de agua y prefieren aquellos con tendencia ácida, pero en su área de distribución, crece bien también en sustrato carbonatados.

Los principales plagas encontradas en los bosques de abeto son debi- das a los ataques de varios hongos como el Armillariella mellea (plantas secas en pie), Hetero- basidion annosum subsp. abietinum (platas desarraigadas debido a la podredumbre de la raíz) y Melampsorella caryo- phyllacearum (chancros del tronco).

Las plantas jóvenes son muy buscadas y fuertemente dañadas por los ungulados (ciervos, corzos, cabras) y esto, junto con la competición del vigor del haya, queda entre las causas del continuo decrecimiento de los bosques de abeto blanco.

A menudo los muñones de las hojas caídas del abeto blanco forman un callo cicatrizante que permanece vivo por muchos años, signe de las radicales conexiones entre varios individuos (bio-grupos).

En los sesenta, se dio una tasa de mortalidad de abetos en toda la gama de especies con hojas amarilleando y síntomas precarios de la edad, muy probablemente debido de una combinación de causas (cambios climáticos, polución, estrés hídrico, etc.). Esta debilitación, conocida ya en Alemania a principios del siglo pasado bajo el nombre de Tammesbernen (literalmente, plaga del abeto blanco) causa con más facilidad el ataque de insectos o de hongos parásitos.

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Los sombríos bosques de Abies alba crean importantes ecosistemas. Luchando contra la pícea europea, el abeto blanco crece en los Alpes entre los 800 y los 1500 m de altitud, mientras que en los Apeninos bajan hasta los 100-200 m, cerca de los encinares. Aman los suelos profundos y frescos, posiblemente ácidos, sin estancamientos
© Giuseppe Mazza

En las cadenas tróficas de los bosques de abeto blanco están presentes numerosas especies de animales, desde la nota depredadora Marta ( Martes martes ) hasta aves como el Picamaderos ( Dryocopus martius ) voraz comedor de los peligrosos xilófagos que se nutren de la madera, hasta el Mochuelo boreal ( Aegolius funereus ) que caza a la Musaraña alpina ( Sorex alpinus ). Entre el follaje del abeto vemos a menudo las acrobacias del Carbonero montano ( Parus montanus ), con el Herrerillo capuchino ( Parus cristatus ) y con el Carbonero garrapinos ( Parus ater ), hábiles y utilísimos insectívoros, voluntarios en la protección de la salud de nuestros amigos, los árboles.

Son también muy numerosas las especies de hongos formando simbiosis con el abeto blanco, como el excelente Hygroforus marzuolus conocido como “seta de marzo” o “marzuela”, Hygrophorus pudorinus, Russula ochroleuca, Lactarius salmonicolor, etc.

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Semillas germinadas. De joven, el abeto blanco crece lentamente y tolera la sombra durante mucho tiempo © G. Mazza

La resina del abeto blanco forma la trementina de Estrasburgo o de Alsacia: un líquido denso, parecido al sirope, transparente, con placentero olor balsámico similar al de la trementina del cedro, usado para afecciones respiratorias.

Contiene un aceite esencial, ácido abiético, terpenos y sustancias amargas que le aportan las propiedades expectorantes, sudorí- ficas, antireumáticas, diuréticas, antiespasmóticas y antisépticas. También las yemas con utilizadas, recolectadas en primavera, por su contenido en limoneno, pineno, pequeñas cantidades de resina, y las hojas (a lo largo de todo el año) con la esencia, un glucósido y provitamina A. Las pequeñas ramas de las plantas adultas así como la madera y el extracto completo son empleados en baños estimulantes de vegetales. Durante las cálidas noches de verano, a menudo las hojas, atacadas por los áfidos, se cubren de una sustancia azucarada (gotas de miel) buscada por las abejas y gracias a ellos producen una excelentemente densa, muy oscura, un tanto amarga y balsámica miel.

Sinonimi: Pinus picea L. 1753; Abies taxifolia Duhamel 1755; Abies minor Gilib. (1792); Pinus lucida Salisb.(1796); Abies alba Michx.(1803); Abies vulgaris Poir. (1804); Pinus baldensis Zuccagni (1806); Abies taxifolia Desf. (1809); Peuce abies Rich. (1810); Abies nobilis A. Dietr. (1824); Abies taxifolia Raf. (1836); Picea pectinata (Lam.) Loudon (1838); Abies argentea Chambray (1845); Abies candicans Fisch. ex Endl. (1847); Pinus heterophylla K.Koch (1849); Picea kukunaria Wender. (1851); Abies pectinata var. pendula Carrière (1855); Abies alba var. glauca Gordon (1855); Abies pectinata var. pendula-gracilis Sénécl. (1855); Picea metensis Gordon (1858); Picea rinzi Gordon (1858); Picea pectinata var. pendula (Carrière) Godefroy ex Gordon (1858); Abies pectinata var. columnaris Carrière (1859); Picea pyramidalis Gordon (1862); Pinus abies var. pectinata (Lam.) Christ (1863); Abies rinzii K.Koch (1873); Abies metensis Gordon (1875); Abies miniata Knight ex Gordon (1875); Abies chlorocarpa Purk. ex Nyman (1881); Abies baldensis (Zuccagni) Zucc. ex Nyman (1881); Picea tenuifolia Beissn. (1891); Abies pectinata f. pendula (Carrière) Conw. (1895); Abies alba f. pyramidalis (Carrière) Voss is (1896); Abies alba var. podolica R.I.Schröd. (1899); Abies tenuirifolia Beissn. 1909; Abies alba var. columnaris (Carrière) C.K.Schneid. (1913); Pinus picea f. pendula (Carrière) Voss 1913. Pinus picea f. pyramidalis (Carrière) Voss 1913; Abies alba f. columnaris (Carrière) (1919); Abies alba var. brevifolia Mattf. (1925); Abies alba f. compacta (Parsons) Rehder (1925); Abies alba var. compacta (Parsons) Rehder (1927); Abies pardei Gaussen (1928 pubbl. 1929); Abies duplex Hormuz. ex Beissn. (1930); Abies alba f. pendula (Carrière) Rehder (1949); Abies alba var. pardei (Gaussen) Silba (1990); Abies alba Mill. subsp. Borisii-regis (Mattf.) Kozuharov & N. Andreev (1992); Abies alba subsp. apennina Brullo, Scelsi & Spamp. (2001); Abies alba subsp. pardei (Gaussen) Silba (2008).

 

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El archivo fotografico de Giuseppe Mazza

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