Antennarius striatus

Familia : Antennariidae

 

 

Texto © Sebastiano Guido

 

 

Traducción en español de Ignacio Barrionuevo

 

 

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De hasta un palmo de longitud, aunque generalmente no supera los 10 cm, el Antennarius striatus tiene una distribución casi circumtropical © Sebastiano Guido

El Pejesapo estriado, a veces llamado Ranisapo estriado ( Antennarius striatus - Shaw, 1794) pertenece a la clase Actinopterygii, peces con aletas radiadas, al orden Lophiiformes y a la familia Antennariidae, caracterizada por un dorso que presenta tres espinas bien desarrolladas, ojos en posición lateral, gran boca frontal orientada hacia arriba y un cuerpo corto comprimido lateralmente.

El nombre genérico Antennarius deriva del latín “antemna” o “antenna” = asta, estandarte, para llamar la atención sobre el asta (illicium) de la que pende un apetecible cebo (esca). Quizás puedan malinterpretar los pececillos ilusos lo de apetecible, creyendo que es para ellos: son ellos los apetecibles para el pejesapo cuando se acercan a comerse el cebo.

El epíteto específico striatus se refiere al bandeado que suele mostrar el pez bajo su apariencia “greñuda”.

Zoogeografía

Su distribución es muy amplia, ocupando casi la totalidad de las aguas tropicales de los océanos Índico, Pacífico y Atlántico, donde sube casi hasta Marruecos en el este.

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Sobre el color de fondo beige, pero también casi negro o blanco, aparecen bandas y manchas más oscuras. Los filamentos miméticos son más frecuentes en los machos © Giuseppe Mazza

La presencia, aunque bastante escasa, en el mar Rojo, así como la subida de la temperatura del mar, hacen pensar que dentro de no mucho entrará a formar parte de las nutridas filas de migradores lessepsianos que están aumentado el número de especies del Mediterráneo.

Ecología-Hábitat

El Antennarius striatus vive en estrecho contacto con el fondo, sobre arena, grava o emboscado entre las algas que le dan un medio donde poder camuflarse. En estos ambientes le gusta descansar perezosamente a la espera de que algún pez incauto se le acerque. Puede ser visto a profundidades que oscilan entre 10 y más de 200 m, aunque las zonas con pesca más abundante en las que le gusta quedarse no superan habitualmente los 40 m.

Morfofisiología

La longitud máxima registrada es de 25 cm, mientras que la media apenas ronda los 10 cm. Los colores varían abundantemente desde l negro hasta el blanco, con prevalencia del beige con bandas más oscuras. También la longitud de los “pelos” es variable, más acentuada en los machos. En acuario se ha observado que a veces puede cambiar de color a lo largo de pocas semanas.

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Un ejemplar muy oscuro. Vive en estrecho contacto con el fondo entre 10 y 200 m de profundidad, pero las zonas de más pesca que frecuenta no suelen superar los 40 m © Sebastiano Guido

El cuerpo es rechoncho, más comprimido en los flancos, y presenta un perfil bastante poco de pez, empezando por las aletas pectorales que, ensanchadas en los lados y con un característico “codo”, lo mantienen estable incluso en posturas de difícil equilibro. Está claro que el pez debe parecer firme como una roca o cualquier otra cosa igualmente inocua si lo que espera es que el alimento se acerque.

La forma de las pectorales puede recordar a las patas anteriores de un sapo y, a semejanza de estas, la parte palmada termina con unas pequeñas uñas.

También el resto de rasgos del animal son bastante insólitos, comenzando por ejemplo por las primeras tres espinas dorsales.

La primera de estas, a menudo escondida en un pliegue cutáneo mientras no es utilizada para la pesca, muestra una buena movilidad y tiene en su punta un apéndice vermiforme igualmente móvil que es utilizado por el pez para cautivar a los “clientes”. Se denomina illicium (tentación, cebo en latín) y, vibrado delante de los ojos de un hambriento pececillo, le induce a seguirlo hasta esa fisura vertical que resulta no ser una roca partida: es un sumidero. Puede llamarse también boca, pero tiene bastante poco que ver con la común imagen mental a la que se atribuye una sonrisa.

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Este, casi blanco, agita el illicium, apetecible señuelo para atraer a incautos pececillos, que serán entonces aspirados por una enorme boca © Sebastiano Guido

Se trata de un abismo tan grande que puede engullir peces del mismo tamaño que el propio pejesapo. Se abre de par en par a una velocidad increíble, extendiendo además las mandíbulas móviles, y creando una aspiración suficientemente potente como para aspirar toda el agua de delante de la cara junto con el pobre pez que en ella nadaba. Un arco de finos dientes completará el trabajo aferrando a las víctimas de gran tamaño que serán poco a poco llevadas hacia dentro.

Las otras dos espinas, más atrás del illicium, son invisibles al estar cubiertas de abundante piel de la que, como del resto del cuerpo, emergen los delgados filamentos, a menudo ramificados, que tan bien camuflan al pez. La aleta dorsal, blanda, llega casi hasta el pedúnculo caudal, al que sigue la cola, a menudo doblada en U para dar mayor estabilidad a la postura del pez. En comparación con otros pejesapos los ojos son menos miméticos y contribuyen bastante a la detección del animal.

Etología-Biología reproductiva

Es un pez voraz, capaz de tragar presas de su mismo tamaño, habitualmente peces que son atraídos por el señuelo vermiforme.

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Hela aquí abierta. El pejesapo estriado bosteza a menudo, quizás para realinear las mandíbulas desencajadas por presas grandes, dado que traga peces hasta de su talla © Sebastiano Guido

Cuando no hay nada que ronde su entorno, el pejesapo estriado puede desplazarse hasta la entrada de la madriguera de algún góbido, haciendo flotar el señuelo justo encima o al lado del agujero. Se mueve torpemente sobre el fondo empujándose con las pectorales y valiéndose del chorro que emite a través de la abertura branquial tubular para agilizar sus desplazamientos. Al estar desprovisto de vejiga natatoria usa el chorro mencionado como ayuda también las pocas veces que se ve obligado a nadar. Una característica, que se puede observar de tanto en tanto, son los bostezos que muestran la singular extensibilidad de las mandíbulas. Se ha hipotetizado que este movimiento lo hace para realinearlas, dado que podrían desencajarse al ingerir presas muy voluminosas.

Tras el apareamiento la hembra pone una cinta de huevos envainados en cordones o masas de mucosidad que eclosionarán tras varios días. Después de pasar un par de meses en el plancton, los jóvenes se posarán sobre el fondo para comenzar su vida de engaños y camuflajes.

Ya que el interés humano es exclusivamente el de la acuariofilia, esta especie parece estar amenazada solo, y ya es mucho, por la degradación de su hábitat. Su resiliencia es alta y el tiempo de duplicación de la población es inferior a 15 meses. El índice de vulnerabilidad es ciertamente bajo, de 13 (2017) en una escala de 100.

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Al estar desprovistos de vejiga natatoria, los pejesapos no son hábiles nadadores. Las pocas veces que han de nadar se ayudan del chorro de las aberturas branquiales. Aquí un joven pasando de una madrépora a otra. Las pectorales acodadas son una buena ayuda para moverse entre los corales y anclarse al fondo, firmes como rocas © Giuseppe Mazza

Sinónimos

Lophius striatus - Shaw, 1794; Phrynelox striatus - Shaw, 1794; Antennarius straitus - Shaw, 1794; Ostracion knorrii - Wlbaum, 1792; Chironectes tricornis - Clocquet, 1817; Lophius tricornis - Clocquet, 1817; Chironectes scaber - Cuvier, 1817; Antennarius scaber - Cuvier, 1817; Phrynelox scaber - Cuvier, 1817; Chironectes tridens - Temminck & Schlegel, 1845; Antennarius tridens - Temminck & Schlegel, 1845; Phrynelox tridens - Temminck & Schlegel, 1845; Chironectes tigris - Poey 1852; Antennarius tigris - Poey 1852; Phrynelox tigris - Poey 1852; Lophius spectrum - Gronow, 1854; Antennarius pinniceps - Bleeker, 1856; Antennarius pinniceps pinniceps - Bleeker, 1856; Antennarius lacepedii - Bleeker, 1856; Antennarius melas - Bleeker, 1857; Phrynelox melas - Bleeker, 1857; Saccarius lineatus - Günter, 1861; Antennarius pinniceps bleekeri - Günter, 1861; Antennarius pinniceps fasciata - Steindachner, 1866; Antennarius nuttingii - Garman, 1896; Antennarius nuttingi - Garman, 1896; Phrynelox nuttingi - Garman, 1896; Antennarius nox - Jordan, 1902; Phrynelox nox - Jordan, 1902; Antennarius teleplanus - Fowler, 1912; Antennarius cubensis - Borodin, 1928; Antennarius cunninghami - Fowler, 1941; Phrynelox cunninghami - Fowler, 1941; Phrynelox atra - Schultz, 1957; Antennarius atra - Schultz, 1957; Phrynelox zebrinus - Schultz, 1957; Antennarius zebrinus - Schultz, 1957; Triantennaus zebrinus - Schultz, 1957; Antennarius fuliginosus - Smith, 1957; Antennarius glauerti - Whitley, 1957; Antennarius delaisi - Cadenat, 1959; Antennarius occidentalis - Cadenat, 1959; Phrynelox lochites - Schultz, 1964.

 

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El archivo fotografico de Giuseppe Mazza

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