Banksia: insólitas flores australianas

Insólitas flores australianas ricas en azúcar que florecen sobre arbustos y arbolitos, también a nivel del suelo. Cultivo en nuestros climas y reproducción por semillas.

Traducción en español de Viviana Spedaletti

 

 

 

 

"Hornear durante 5-10 minutos o rociar con alcohol y encender fuego". No es una receta culinaria, sino la única manera para hacer abrir algunas infrutescencias de Banksia.

Madres hiper-protectoras, liberan sus semillas sólo cuando un buen incendio limpia bien de malas hierbas el “bush” australiano en el que viven. La cizaña, como bien dice el Evangelio, podría sofocar a las plantitas, y además las cenizas, se sabe, han sido siempre un óptimo fertilizante.

De este modo, quien quiera obtener unas semillas de estas extrañas “esculturas” leñosas, con los frutos artísticamente dispuestos uno sobre el otro, a modo de totem, a menudo no hay elección: una de dos especies requiere la “prueba del fuego”. Y si se trata justamente de una prueba, con toda la incertidumbre del caso, y el riesgo, además, de transformar las semillas en castañas asadas.

El calor debe ser intenso pero breve, y en caso de fracaso se puede siempre repetir el tratamiento.

Pero a veces los folículos del “totem” no quieren justamente abrirse, y entonces aconsejan sumergir la infrutescencia en agua y secarla con el secador de cabellos. Lo que equivaldría, más o menos, a un incendio seguido de una lluvia abundante y de un fuerte viento en grado de transportar las semillas aladas de las banksias lejos de la planta madre.

Al límite de los desiertos, donde la vida es difícil, la naturaleza no quiere que los padres entren en competencia con los hijos y se preocupa, con mecanismos higroscópicos y otros ardides, para que las jóvenes plantas tengan toda el agua necesaria para su desarrollo.

Sobre 73 especies de Banksia existentes, 58 crecen en la franja sud-occidental del Western Australia, en un clima seco templado-caluroso, bastante similar al Mediterráneo. Las otras, más tolerantes a la humedad, viven a lo largo de las costas sud-orientales australianas, con alguna estación aislada en el norte.

Una especie, la Banksia dentata, se ha adaptado al calor-húmedo de las florestas lluviosas y alcanza, a través de Cabo York, Nueva Guinea. Pero es la excepción.

“Sustancialmente”, me explica el Dr. Paul Wycherley, director del famoso Kings Park Botanic Garden de Perth, “las banksias son plantas típicamente australianas. Pueden alcanzar hasta 25 m, pero la mayor parte tiene porte arbustivo y una altura comprendida entre los 50 cm y los 3 m. Talla ideal para el jardín, unida a menudo a hojas extremamente dentadas, muy decorativas. Pero el éxito hortícola de las banksias está ligado sobre todo a su largo período de floración. Sobre 47 especies cultivadas en el Kings Park, 22 florecen en verano, 19 en otoño, 23 en invierno y 15 en primavera, con ciclos escalonados y flores que duran semanas. Surgen sin pausa, una después de la otra, también por 2-3 estaciones consecutivas”.

Se trata de grandes inflorescencias, por lo general cilíndricas, pero también esféricas ( Banksia candolleana ), que poseen hasta 6.000 florcitas, amontonadas una contra la otra, en un único eje central. Siguen una disposición a doble espiral, y como cada proteácea que se respete, tienen el perianto formado por 4 tépalos, que llevan las anteras.

Madurando se repliegan hacia atrás, para ofrecer mejor el polen a los visitantes, y destacan a menudo unos largos estilos. El conjunto puede sugerir entonces un cepillo para botellas ( Banksia ericifolia e integrifolia ), un fuego artificial ( Banksia praemorsa ), una torta rellena ( Banksia coccinea ) o unos simpáticos farolitos chinos ( Banksia lehmanniana y caleyi ).

Las inflorescencias de algunas especies, como la Banksia repens y la petiolaris, surgen gallardas, como racimos, a nivel del suelo.

Los colores son muy variados: desde el amarillo verdoso, al anaranjado, rojo y marrón. Falta el azul, pero existen flores de tonalidades gris negruzcas, con reflejos metálicos. Hay con que atraer a los insectos, pero el punto fuerte de las banksias es su “buena cocina”. El néctar, dulce copa del estribo para los “carteros” del polen, es muy buscado también por pájaros y mamíferos.

De día loros y nectarinas ojean entre las ramas, y de noche es un continuo ir y venir de ratones y ardillas volantes. Una sola inflorescencia de Banksia grandis provee el equivalente a algunas cucharadas de azúcar, y no hay que asombrarse si aún hoy los colonos australianos y los aborígenes miran estas flores también con un ojo gastronómico.

Pero regresemos a la jardinería.

Las primeras banksias “europeas”, nacidas de semillas recogidas en las expediciones australianas del Capitán Cook (fue en una de éstas, en abril de 1770, que Sir Joseph Banks las descubrió, alcanzando tierra con el Endeavour en la actual Botany Bay, cerca de Sydney) florecieron en Inglaterra alrededor de 1788. Se conservaban en maceta e invernadero frío, y en la primera mitad del siglo XIX tuvieron en toda Europa una notable expansión hortícola.

Luego estuvieron de moda las orquídeas exóticas, las flores clásicas de la seducción, que requieren un clima caluroso-húmedo.

Para conquistar el corazón de las bellas damas, los nobles propietarios de los invernaderos no dudaron en caldearlos, pero en poco tiempo las banksias murieron y se apagó también su recuerdo.

Sin embargo, me confirma Paul Wycherley, en climas mediterráneos como el nuestro estas plantas podrían crecer también al aire libre.

La mayor parte de las especies se propaga fácilmente por esqueje, con ramitas apicales de 8-16 cm. Es suficiente quitar las hojas en la base y enraizan en un compuesto arenoso, sin necesidad de tratamientos hormonales. Es el método más utilizado en Europa en el ochocientos. Pero para comenzar, no disponiendo de plantas, el único camino recurrible es el de las semillas.

Dado que los incendios se desatan generalmente a fin del verano y que muchas especies, como hemos visto, esperan luego las lluvias, la estación más favorable para las semillas sería naturalmente el otoño.

Pero las plantitas sufren el frío, y a menos que se disponga de un invernadero o una galería no calefaccionada, aquí conviene proceder en primavera.

Las semillas, como siempre, se esparcen en un cajoncito, con un compuesto arenoso, bien drenado, ligeramente ácido o neutro. El ideal es un PH comprendido entre 6 y 7. Exceptuadas las especies de montaña ( Banksia canei, saxicola y ciertas formas de marginata ), que requieren 60-120 días de heladera a 5 ºC, en general germinan sin problemas, y las primeras hojitas aparecen luego de 3-6 semanas.

Rocíos frecuentes, con algún agregado de fungicida, harán crecer las plantitas exuberantes y sanas, y luego cerca de un mes ya será el momento del transplante.

Podrán ser colocadas en macetas por un año, o ubicadas directamente en el suelo, a pleno sol, a condición de no hacerles faltar el agua y un mínimo de protección de los rigores invernales. En los primeros dos años de vida las banksias son extremamente vulnerables.

El terreno debe ser suelto y bien drenado. En general conviene quitar un metro y llenar el pozo de un compuesto arenoso con mucha turba, que aumenta, por otra parte, la acidez del suelo. No es necesario que sea rico: naturalmente las banksias viven en terrenos muy pobres y el exceso de fertilizante, cuando no las mata, les reduce la floración.

Es necesario también tener presente que estas plantas, como muchas proteáceas, no soportan el fósforo.

La temperatura crítica invernal es -2-3 ºC, pero el mayor enemigo de las banksias es la humedad. No toleran las neblinas, y las raíces son fácil presa de la Phytophthora cinnamomi, un hongo hoy difundido en muchos países. Luego de las lluvias invernales, antes que la temperatura aumente favoreciendo su desarrollo, será necesario tratar el suelo con un fungicida.

© Giuseppe Mazza

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