Carlina gummifera

Familia : Compositae

 

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Texto © Prof. Giorgio Venturini

 

 

Traducción en español de Ignacio Barrionuevo

 

 

La ajonjera común, también conocida como cardo ajonjero y como cardo de liria o de liga ( Carlina gummifera (L.) Less. ) es una especie sudmediterránea, ampliamente difundida en España, Grecia y el norte de África. En Italia está presente en la parte más meridional, en Sicilia y en Cerdeña. Pertenece al orden Asterales y a la familia Asteraceae, también llamada Compositae.

El nombre del género Carlina según algunos se refiere a Carlomagno que, inspirado por un ángel, habría usado esta planta para luchar contra la peste, según otras versiones el emperador habría encontrado la planta de virtudes curativas tras arrojar su lanza, que habría caído precisamente sobre una “carlina”. Según otros hace honor a Carlos I de España, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Una hipótesis distinta propone que el nombre “Carlina” podría ser una corrupción de “cardina”, o de “cardulina”, diminutivo de cardo.

El epíteto específico, gummifera, viene del latín “cummis” = goma y “fero” = portar, a causa del contenido gomoso de la raíz. Hasta hace pocos años esta planta era clasificada como Atractylis gummifera , en este caso, el nombre “Atractylis” deriva del griego “atractos”, que significa huso, rueca para hilar, ya que en el pasado el tallo de algunas especies de dicho género era usado para fabricar ruecas.

En el género Carlina se incluyen numerosas especies, actualmente son 34 las especies aceptadas.

El nombre vulgar italiano de “masticogna” deriva probablemente de la resina (“mastice”) presente en la raíz. En inglés es llamada Distaff thistle (distaff es el huso para hilar, y thistle = cardo), mientras que los nombres griegos como agkathokollia o kollotsoure hacen referencia al contenido gomoso de la raíz (kolla en griego significa cola, pegamento).

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La Carlina gummifera es una especie herbácea sudmediterránea de raíz dulzona © Giorgio Venturini

La ajonjera común es una planta herbácea perenne de entre 5 y 20 cm de altura cuya gruesa y leñosa raíz produce un jugo dulzón, gomoso y aromático. La inflorescencia es de color rosa oscuro o violeta y se trata de un capítulo, solitario, de entre 3 y 5 cm de diámetro, rodeado de hojas (brácteas) involucrales espinosas.

Presenta hojas en roseta basal con profundos lóbulos ampliamente dentados y espinosos, parecidas a las de distintas especies usual y genéricamente definidas como “cardos”. Florece entre agosto y septiembre, viviendo desde el nivel del mar hasta los 700 m de altitud, en bordes de carreteras, garrigas y lugares áridos.

La ajonjera común es una planta herbácea perenne bastante característica por el hecho de que la floración tiene lugar hacia finales de verano, cuando las hojas están casi completamente secas y, dado que es prácticamente acaule, las típicas flores se encuentran a nivel del suelo.

Usos humanos

A causa de sus propiedades adhesivas, la resina gomosa se incluía como componente en diversas masillas y colas; la raíz era también usada para preparar una trampa adhesiva para la caza de aves en lugar de muérdago.

A pesar de su conocida y grave toxicidad, atribuible sobre todo a la resina contenida en la raíz, la planta es usada con fines alimentarios y en la medicina tradicional.

Como alimento es consumida cruda o cocida, utilizando tanto las partes aéreas como la raíz, que es la parte más tóxica. Las inflorescencias son consumidas en diversas regiones del Mediterráneo, hervidas o estofadas: el interior es limpiado de espinas y flores, de igual modo que las alcachofas o la Carlina acaulis, añadiendo ajo, perejil y, en algunos sitios, también queso. Las partes aéreas son consumidas, crudas o cocinadas, también en Cerdeña, Arabia y España. Dado que la toxicidad resida sobre todo en la raíz, el consumo de las inflorescencias o de las hojas es relativamente inocuo, pero la posible contaminación del alimento con partes de la raíz hace bastante peligroso el consumo.

A pesar de que la raíz es altamente tóxica, en diversas zonas del norte de África las cenizas son hervidas y mezcladas con sémola y mantequilla, siendo el conjunto consumido por la mañana como alimento energético para la jornada. La raíz, dulzona por la resina que contiene, es frecuentemente masticada por los niños. En medicina tradicional esta resina es aplicada sobre úlceras y cortes tanto para tratar hombres como animales con resultados a menudo muy graves. La toxicidad de Carlina gummifera es muy elevada y cada año se registran diversos casos de envenenamientos graves, resultando mortales un cierto número de ellos. Un estudio llevado a cabo en Marruecos demostr´p que esta planta representa la principal causa de muertes atribuibles a envenenamientos de origen vegetal y entre 1981 y 2009 se registraron 467 casos de envenenamiento. Numerosos casos de envenenamiento se citan también en otros países como España, Italia o Grecia.

Las sustancias tóxicas presentes sobre todo en la mencionada resina de la Carlina son glicósidos identificados como atractilósidos y carboxiatractilósidos, que actúan inhibiendo una proteína necesaria para la producción y disponibilidad de una molécula indispensable para la vida de las células, el ATP (adenosín trifosfato).

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A pesar de la conocida y grave toxicidad es usada con fines alimentarios y en medicina tradicional © G. Venturini

El ATP es el transportador de energía sin el que un ingente número de funciones celulares no tendrían lugar, funcionando como una suerte de batería recargable: entra en un pequeño órgano (orgánulo) de la célula, denominado mitocondria, bajo la forma de ADP, pobre en energía, para ser transformado en ATP, cargado de energía, que saldrá de las mitocondrias para llevar la energía a todas las demás estructuras celulares.

Las sustancias tóxicas de la Carlina gummifera impiden el correcto intercambio ADP/ATP entre la mitocondria y el resto de la célula, impidiendo así la síntesis de ATP y su salida de la mitocondria: de esta forma bloquean en la célula las reacciones que necesitan de su energía.

Resultan afectadas todas las células, especialmente aquellas con un requerimiento energético muy elevado como, por ejemplo, las del hígado, el riñón o el cerebro: por este motivo la intoxicación comporta esencialmente daños hepáticos, renales y neurológicos. Otra causa de la peligrosidad de la Carlina gummifera consiste en la inhibición de algunos importantes mecanismos de detoxificación celular.

El envenenamiento por ingestión de Carlina es gravísimo sobre todo en los niños, en los que provoca graves hepatitis, habiéndose dado numerosos casos mortales. Los pacientes presentan náuseas, vómitos, dolores abdominales, diarrea, ansiedad, dolor de cabeza y convulsiones, frecuentemente seguidos de coma. No existen terapias válidas a excepción del alivio sintomático. Una esperanza terapéutica podría venir de la inmunología: actualmente se están llevando a cabo estudios para la producción de anticuerpos dirigidos contra las sustancias tóxicas de Carlina gummifera que podrían impedir su acción. Se conoce también un caso de intoxicación gravísima de un niño de 30 meses que había sido tratado por los padres por una quemadura extendiendo resina de Carlina sobre la herida (ver usos tradicionales veterinarios). En este caso la intoxicación provocó incluso daños renales.

Una causa de envenenamiento está representada por al posible confusión con otras especies de compuestas espinosas. En algunas regiones por ejemplo la Carlina gummifera y la Centaurea ornata Willd son comerciadas como remedios de herboristería (aún estando prohibido el comercio de la ajonjera común). La confusión accidental entre ambas especies ha llevado a intoxicaciones con fatales consecuencias.

Sinónimos: Carlina fontanesii DC.; Atractylis gummifera L.; Atractylis macrocephala Desf.; Chamaeleon gummifer (L.) Cass.; Chamaeleon megacephalus Cass.

 

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El archivo fotografico de Giuseppe Mazza

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