Galeocerdo cuvier

Familia : Carcharhinidae

 

 

Texto © Sebastiano Guido

 

 

Traducción en español de Ignacio Barrionuevo

 

 

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Con hasta 7 m de longitud y 800 kg, el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) tiene una difusión muy amplia por las aguas costeras templadas y tropicales de todo el mundo. Cabeza ciertamente sobredimensionada, cuadrada y cuneiforme para atravesar mejor el agua. La boca es un enorme abismo con el que conviene evitar encuentros © Sebastiano Guido

El Tiburón tigre ( Galeocerdo cuvier - Péron & Lesueur, 1822) pertenece a la subclase Elasmobranchii, peces con esqueleto cartilaginoso, al orden Carcharhiniformes y a la familia Carcharhinidae, cuya aleta dorsal carece de espinas y cuya cola presenta un lóbulo superior muchos más desarrollado que el inferior. Como todos los Carcharhiniformes presenta una membrana nittitante sugli occhi, cinque fessure branchiali, una coppia di pinne dorsali ed una pinna anale.

El nombre genérico deriva de los términos griegos “galeos” = tiburón y “kerdò” = zorro; mientras que el epíteto específico cuvier es un homenaje a Georges Cuvier, considerado el padre de la anatomía comparada. El nombre de tiburón tigre, que podemos encontrar en otras lenguas, se refiere a las bandas oscuras que caracterizan los flancos de esta especie.

Zoogeografía

Tiene una amplísima distribución que comprende las áreas templadas y tropicales de todo el mundo.

Ecología-Hábitat

Está presente en las aguas costeras, incluidas las salobres, lagunas costeras y atolones en un rango de profundidad que varía de la superficie a poco más de 150 m. Está totalmente ausente en aguas frías.

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Presente también en ambientes salobres, lagunas costeras y atolones, hasta los 150 m de profundidad, está totalmente ausente en las aguas frías © Sebastiano Guido

Morfofisiología

El tamaño medio de los ejemplares adultos varía entre los 4 y los 5 m, aunque se han pescado ejemplares que medían más de 7 m, con un peso máximo documentado de 807 kg.

Lo primero que destaca cuando lo encontramos bajo el agua es el gran tamaño de la cabeza, cuadrada y cuneiforme para atravesar mejor el agua, sobredimensionada con respecto a un cuerpo robusto aunque bastante esbelto, que apenas deja terminar el tórax. El ojo es plomizo e inquietante con un finísimo borde que se nota solo al rotar. La boca es un enorme abismo con el que más vale evitar encuentros, con un elenco de dientes, con la punta orientada hacia atrás y bordes aserrados, que pueden superar los 4 cm de altura. Contiene, como en todos los tiburones carnívoros, varias filas de dientes, estando la primera erecta y lista para el ataque mientras que el resto de la dentadura, tumbada a espaldas de esta primera, presenta cada diente paralelo al paladar y preparado para izarse en sustitución de los de la primera fila que hayan caído durante la caza o por renovación rutinaria.

El cuerpo, rechoncho y macizo en la parte delantera y delgado en la trasera, muestra un dorso oscuro, constelado de manchas y bandas negruzcas muy contrastadas en los ejemplares jóvenes pero que van decolorando paulatinamente conforme avanza el tiempo. Sobre el blanco vientre presenta manchas dispersas del mismo color que el dorso. Dos largas aletas pectorales extendidas como formando alas planeadoras que sostienen el cuerpo que, por otro lado, la sacudida del larguísimo lóbulo superior de la cola tendería a hundir.

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Aquí con dos rémoras. El dorso es oscuro, con las típicas bandas verticales negruzcas, más marcadas en los jóvenes, que han contribuido al apelativo de tigre © Sebastiano Guido

El pedúnculo caudal está carenado horizontalmente y, en posición vertical, de él parten especularmente la segunda aleta dorsal y la aleta anal. Sobre el dorso, en una posición más adelantada, destaca la robusta primera aleta dorsal. La cola es heterocerca, con un largo lóbulo superior.

Etología-Biología reproductiva

Es considerado un basurero del mar debido a que en su estómago se ha encontrado de todo, desde moluscos, crustáceos y peces de diversas especies hasta trozos de cocodrilo o de ballena, habiéndose recobrado incluso, por desgracia, restos humanos. Además de todo aquello que se mueve en el mar a menudo engulle por curiosidad también los objetos más disparatados, desde pedazos de bidones de carburante hasta desechos varios que los negligentes humanos tiramos o hacemos terminar en el agua.

Con los buceadores habitualmente se muestra curioso e indiferente, pero a veces puede atacar y, a diferencia del tiburón blanco que se limita al primer mordisco para después esperar a que la presa se desangre antes de desmembrarla, el tiburón tigre continúa atacando con consecuencias casi siempre fatales.

Como es sabido muchas rémoras acompañan a los tiburones, las grandes tortugas y hasta a veces van a espaldas de los submarinistas. En el caso del tiburón tigre pueden tranquilamente introducirse en su boca para después salir. Probablemente la rémora no es solo un oportunista que usa a os tiburones y otros animales grandes como medio de transporte sino que es tolerada y apreciada por los depredadores porque los limpia, funcionando como cepillo y pasta de dientes vivientes.

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A diferencia del noble felino, es un verdadero basurero del mar. En su estómago se ha encontrado de todo: moluscos, crustáceos, peces de varias especies, trozos de cocodrilo y de ballena, bidones de carburante, desechos varios y por desgracia también restos humanos. La resiliencia es baja y el índice de vulnerabilidad preocupante © Sebastiano Guido

Tras el apareamiento y una gestación que puede ir de los 13 a los 16 meses, la hembra de tiburón tigre, ovovivípara, lleva consigo un número variable de huevos que habitualmente no supera los setenta. Al nacer, la cría puede superar el metro de longitud, aunque la medida estándar suele superar por poco los 60 cm.

La población de esta especie, al igual que la de otros tiburones, está en grave regresión por la bárbara práctica del cercenamiento de aletas de tiburón, así como por el uso de la carne (de discreto valor comercial), del cuero y del aceite extraído de su enorme hígado.

Su resiliencia es baja, necesitando para duplicar su población, en condiciones óptimas, como mínimo 4 años y medio, pero por norma general puede alcanzar los 14 años. Como es previsible su índice de vulnerabilidad es alto, llegando a un valor de 64 sobre 100 en la actualidad (2017).

Sinónimos

Squalus cuvier - Péron & Lesueur, 1822; Galeocerda cuvier - Péron & Lesueur, 1822; Galeocerdo cuvieri - Péron & Lesueur, 1822; Squalus arcticus - Faber, 1829; Galeocerdo arcticus - Faber, 1829; Galeus cepedianus - Agassiz, 1838; Galeocerdo tigrinus - Muller & Henle, 1839; Galeus maculatus - Ranzani, 1839; Carcharias fasciatus - Bleeker, 1852; Galeocerdo rayneri - Macdonald & Barron, 1868; Galeocerdo obtusus - Klunzinger, 1871; Carcharias hemprichii - Klunzinger, 1871.

 

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El archivo fotografico de Giuseppe Mazza

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