Rosas antiguas: un encanto siempre de moda

Un encanto antiguo. La colección de rosas antiguas de la empresa Nino Sanremo en Italia.

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Traducción en español de Viviana Spedaletti

 

 

 

 

 

Imposible, encontrando a los hermanos Francesco y Rinaldo Sartore de la NINO SANREMO, no volverse maníacos de rosas.

El reciente lema de la empresa, “En el nombre de la rosa”, es algo más que un eslogan: es una “filosofía de familia”, con raíces antiguas que nos llevan a la época de los Zares, cuando al fines del ochociento su abuelo envió en pleno invierno, por ferrocarril, hasta Rusia, románticos ramos de rosas envueltas en el papel mojado; antiguas “reinas de la flor cortada” como la “Safrano”, la “Van Houtte”, la “Ulrich Brunner” o la “General Schablikine”.

En aquellos tiempos toda la producción se desarrollaba al aire libre. Los primeros “invernaderos”, con estructuras de madera, remontan en efecto al final de los años 30; y es sólo después de la segunda guerra mundial que su papá, Giovanni, para los amigos Nino, intuyó la conveniencia de calentarlas con rudimentarias estufas a carbón, que debían ser alimentadas cada tres horas, también por la noche.

Los sacrificios fueron pronto premiados, y después de haber producido por años con éxito la “Gloria de Roma”, una variedad creada por un hibridador sanremés, fue Nino el primero en introducir y cultivar en Italia la famosa “Bacará” del Meilland, que es aún hoy sinónimo de “rosa cortada”.

Y aunque la empresa que hoy lleva nombre, fue luego obligada a seguir otros caminos, los hermanos Sartore no abandonaron nunca las antiguas plantas del abuelo, acercándolas de a poco, por pasatiempo, a las rosas más prestigiosas y rústicas de los lindos tiempos pasados, seleccionadas pacientemente, por años, con pasión de aficionado y competencia profesional. Una colección de más de 150 especies y variedades, que recientemente, para satisfacer los requerimientos del mercado, NINO SANREMO ha decidido comercializar y reproducir.

La mayor parte, me explica el Sr. Rinaldo, las conseguimos directamente por esqueje. Es decir que son plantas que pueden prescindir del porta injerto. Lo que quiere decir en práctica una manutención simple, accesible a todos.

No hace falta reconocer y extirpar periódicamente entre las hojas a los “chupones”, las insidiosas ramas del porta injerto que sacan energía al rosal, y muy a menudo no necesitan siquiera podas.

Si se excluyen las variedades de tallos largos y flores individuales como las “Madame Meilland” o las ya citadas “reinas de la flor cortada”, son en efecto plantas que se auto renuevan y deben ser dejadas crecer tranquilas.

A las rosas botánicas, a las trepadoras, y a casi todos los híbridos de Rosa rugosa no les agrada el corte y algunas especies como el Sericea omeiensis, podadas drásticamente mueren.

Me enseña la parcela con las plantas madre. Entre las “miniaturas antiguas” sorprende el número de pétalos de la Pink Grootendorst, compacta como un clavel, y la increíble floración de las Rosas banksiae, variedades vigorosas, trepadoras, entre las que se destaca la “Lutescens”, de pequeñas corolas solares y la “Alba plena”, cargada de pompones blancos.

Puede alcanzar en pocos años los 8-10 m de altura y un legendario ejemplar sanremés, apoyado en un antiguo ciprés ya muerto, lo resucita cada año en fiesta hasta la cabellera.

Las rosas simples, de 5 pétalos, gastan tesoros de fantasía para hacerse notar. Algunas como la “Mermaid” o la “Complicata”, superan la pobreza estructural con corolas de 10 cm de diámetro; otras apuestan a llamativas combinaciones de color como la Rosa foetida “Bicolor”, u ostentan hasta pétalos irisados como la “Mutabilis” de flores amarillo azufre, parecidos a mariposas, que esfuman en el tiempo al rosa, para teñirse luego de un bonito carmesí cobrizo.

Sorprenden los colores antiguos de la “Cantabrigiensis”, de la “Scabrosa”, o de la “Frau Dagmar Hastrup” y los arbustos de la “Bailarina”, de más de 80 cm de alto, tapizados de florecitas rosas, irisadas de rojo.

La Rosa chinensis “Viridiflora”, no muy atractiva, es una curiosidad botánica. Con sus corolas verdes, manchadas de óxido, nos recuerda que los pétalos no son más que hojas transformadas: el “aparato publicitario” de las plantas, para hacer fácilmente localizables y polinizables sus minúsculos órganos sexuales.

Junto a la “Marie Van Houtte”, la “Ulrich Brunner” y la “General Schablikine” del abuelo, que le florecían en Sanremo al aire libre desde febrero hasta finales del otoño, paso en reseña variedades centenarias como el famoso “Chapeau de Napoleón” de 1826, el “Cardenal de Richelieu” de 1840, la “Bourbon Queen” de 1834, la “Salet” de 1854 o la “Cuisse de nymphe emue” creada en el 1600.

La mayor parte, sin embargo, es de principios de siglo, es un pequeño grupo, con la “Maigold”, la “Golden showers” y la “Madame Meilland”, ostenta casi 40 años, el límite mínimo fijado por la NINO SANREMO para formar parte del “Antiguo rosal”.

Está luego una ilustre excepción: la “Pierre de Ronsard”, una rosa “creada en la mesa” por la Meilland en el “lejano” 1988, para satisfacer los pedidos del público que quiere hoy rosas de estilo antiguo, con la rusticidad y el reflorecimiento de las modernas.

La mayor parte de nuestras rosas antiguas, continúa el Sr. Rinaldo, están de todos modos refloreciendo, y son menos frágiles de lo que se cree. En naturaleza, las botánicas, se arreglan solas: crecen sanas y bonitas sin necesidad del hombre.

Ciertamente, cuando son cultivadas demasiado tupidas, cuando falta el sol o el agua, como todas las rosas se enferman, pero un mínimo de atenciones y sentido común basta para evitar los incidentes.

Parece increíble, los apasionados a menudo gastan locuras por tratamientos o accesorios inútiles, y luego economizan sobre lo que cuesta menos: el agua. Las ideas sobre la exigencia hídrica de las rosas son muy vagas y la presunción es grande; tanto es así que hemos decidido regalar a nuestros distribuidores unos pluviómetros, y sólo un par de ellos nos los han solicitado.

Me formula por lo tanto, para los apasionados, algunos consejos de experto.

PLANTADO

Preferiblemente en otoño, pero es posible todo el año, porque los rosales de la NINO son vendidos en maceta, listos para el trasplante, con tierra y raíces.

TERRENO

Aunque cada cultivar tiene sus exigencias y muchas plantas se adaptan de manera sorprendente, el suelo debe ser a groso modo neutro, es decir con un pH igual a7. Cuando es ácido, como en la provincia al norte de Novara y en muchas zonas de los Lagos Lombardos, hace falta corregirlo añadiendo un kilogramo de cal por m3 por cada grado de acidez. Si por ejemplo el pH es igual a 4, se deben incorporar 3 kg de cal por m3. Cuando es básico, se interviene en cambio con turba y arena cuarzosa.

CULTIVO EN TERRAZA EN MACETA

Los recipientes tienen que ser lo más grandes posible, aislado del sol, que cuece rápidamente las raíces a falta de agua. Los de cemento o terracota, alcanzan a menudo en verano los 60 °C; la evaporación es enorme y deben ser mojados hasta dos veces al día evitando, si es posible, los derrames de agua.

Cuando son abundantes, pueden en efecto provocar, en breve, peligrosos lavados del suelo, que debe por lo tanto ser analizado varias veces al año.

Muy útiles a este propósito, son los fertilizantes a lenta cesión, basados sobre el principio de la osmosis, que se disuelven sólo cuando la concentración de las sales es insuficiente; pero aunque si se interviene desde arriba con abonos orgánicos como el de establo y polvo de sangre o huesos, es bueno de todas maneras renovar la tierra cada 3-4 años.

RIEGOS

Es creencia difundida que el agua, favoreciendo los hongos, sea enemiga de las rosas. Es en realidad paradójicamente lo contrario.

Pestilencias como el Oidio, la Roya, la Peronóspora o las Manchas negras, atacan generalmente las rosas cuando no hay viento, la humedad del aire es superior al 80% y la temperatura es constante alrededor de los 12-18 °C; pero como no todos los hombres expuestos al frío y al contagio se enferman de gripe, hace falta que la planta sea receptiva, es decir que el rosal sea débil, bajo estrés, como generalmente ocurre cuando no es mojado bastante.

Generalmente, en el período vegetativo, las rosas necesitan 20 litros de agua a la semana por m2, que pueden ser 40 en los terrenos súper drenados, y reducirse a 5 cuando el suelo es muy pesado.

Algunos creen erróneamente que una llovizna de media hora basta al objetivo, pero generalmente hace falta, en verano, una noche entera: un aguacero de 20-30 mm de agua por semana, como se puede averiguar fácilmente con un pluviómetro.

Mejor además mojar mucho, a intervalos regulares, que dar una rociada todos los días. En este caso, en efecto, sólo el terreno queda húmedo por arriba y la planta, obligada a arraigar en superficie, ya no es capaz de buscar el agua en profundidad.

En la primera breve “vacación de verano”, no obteniendo ningún beneficio de la restante humedad del suelo, se deshidrata y muere “inexplicablemente” en pocos días.

El mejor sistema es gota a gota. Para tararlo, hace falta cavar, después del riego, un “agujero prueba” de 15 cm, y si la tierra todavía está seca, hace falta aumentar el número de los difusores o el tiempo de salida.

¿Hace mal el agua sobre las hojas?

Excepto las “lluvias ácidas”, generalmente el agua pluvial no es nociva, porque la temperatura del aire es baja y la planta está lista a recibirla. Pero un breve riego con la bomba, a pleno sol, puede tener graves consecuencias por dos motivos: de un lado las hojas sobrecalentadas padecen un fuerte choque térmico, y luego, impidiendo al agua alcanzar las raíces, frustran en gran parte el aporte hídrico.

El resultado es una planta sedienta y estresada, y por lo tanto débil, con las hojas húmedas en condiciones ideales para recibir alegres colonias de hongos.

Si justamente se tiene que regar las hojas, mejor hacerlo abundantemente, al amanecer de un día límpido, cuando la temperatura es baja y luego, con el sol, tendrán todo el tiempo de secarse.

TRATAMIENTOS PREVENTIVOS CONTRA LOS HONGOS

Al final del invierno, antes de la reanudación vegetativa, es buena cosa rociar los rosales desnudos con oxicloruro de cobre o productos análogos fácilmente localizables en los “Garden centre”.

Luego, cuando brotan las hojas, y la planta está al sol, con los estomas bien abiertos, conviene prevenir los hongos una vez al mes, por todo el período vegetativo, con productos citroscópicos, que actúan sobre la cara de la hoja no rociada y productos sistémicos, que entran en circulación, alcanzando eficazmente con la savia cada parte de la planta.

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