Pelecanus occidentalis

Familia : Pelecanidae

 

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Texto © Dr. Gianfranco Colombo

 

 

Traducción en español de Ignacio Barrionuevo

 

 

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Torpe y desgarbado en tierra, maestro en vuelo, el Pelecanus occidentalis de las costas americanas es el más pequeño representante de la familia © Giuseppe Mazza

El Pelícano pardo ( Pelecanus occidentalis - Linnaeus, 1766) es una gran ave perteneciente al orden de los Pelecaniformes y a la familia Pelecanidae y, aún teniendo dimensiones notables y un peso nada desdeñable, resulta ser el representante más pequeño de la familia.

La originalidad y la rareza morfológica de estas aves famosas en todo el mundo han necesariamente dado pie a una clasificación separada y bien distinta, aunque el número de especies pertenecientes a este género llega solo a ocho en todo el planeta.

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Típico habitante de puertos y muelles, aquí lo tenemos en librea nupcial con su cuello pardo intenso © G. Mazza

Desgarbado y torpe en tierra a causa de las dimensiones anómalas y rechonchas de su cuerpo, resulta en cambio un verdadero maestro en el vuelo y las maniobras aéreas.

Grandísimo y ágil planeador, sabe aprovechar lo mejor posible las térmicas, subiendo a menudo a alturas increíbles que casi lo hacen desaparecer de nuestra vista.

Bravísimo aprovechador del vuelo en grupo, se le ve componer en el cielo formaciones en V de una precisión que supera ampliamente las de los tradicionales y especializados migradores como la grulla común (Grus grus) o el ánsar común (Anser anser), formando en el cielo líneas larguísimas fluctuantes como olas mientras siguen la estela trazada por el líder.

Aún con mayor maestría, particularmente esta especie, vuela diestramente en contra del viento a alta velocidad y con las alas totalmente desplegadas, a pocos centímetros de la superficie del agua, casi tocándola, subiendo y bajando los valles entre las olas como si estuviese maniobrado por un altímetro automático que le hace mantener constante la distancia a la superficie.

Y entonces, de improviso, se para y sube en vertical una decena de metros para después, girando sobre sí mismo con una cabriola digna de un acróbata, tirarse e introducirse en el agua como una flecha con las alas estiradas hacia atrás hasta hundirse por completo y salir poco después con el saco gular lleno de agua, así como del pez que había avistado.

Tan artista y elegante es cuando vuela como torpe y desgarbado en tierra. Sus andares son los de una oca grande, con bamboleo acentuado del cuerpo y ondulaciones del grueso cuello, de la inmensa cabeza y el desproporcionado pico.

En efecto, esta ave tiene, como veremos, todas las partes del cuerpo desproporcionadas.

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Solo el pico mide ya 35 cm en un total de 120 cm de longitud. La cabeza parece ciertamente desproporcionada pero debe sostener, durante la pesca, el enorme peso del gran saco gular lleno de agua © Giuseppe Mazza

Estos detalles no pasaron por alto a los antiguos griegos cuando pusieron el nombre de “pelekanus”, de “pelekys” = hacha, por el enorme pico de cuya mandíbula inferior cuelga un enorme saco gular que puede parecer, de perfil, la hoja de una gran hacha.

Todos los nombres vulgares dados en las diversas lenguas recogen este nombre. En inglés es Brown Pelican, en alemán Braunpelikan, en italiano Pellicano bruno, en francés Pélican brun y en portugués Pelicano-pardo.

También cuando flota en el agua esta ave está dotada de una elegancia natural, ayudada también por los grandes sacos aéreos de los que está dotado su cuerpo.

Como un cisne se desliza por el agua creando solo un ligero encrespamiento de la superficie, aunque va a una velocidad bastante superior a la de cualquier otra ave gracias a la potencia que ejercen sus enormes pies palmeados que, cuales potentes remos, consiguen desplazar fácilmente y con elegancia un cuerpo así de macizo.

A menudo duerme en el agua, metiendo su enorme pico bajo un ala y dejándose acunar dulcemente por las olas.

¡Pero en el género Pelecanus la elegancia es aún más evidente durante la pesca de grupo que realizada junto con sus compañeros! Avanzan lado a lado por el agua, en parejas, y con movimientos sincronizados sumergen simultáneamente los grandes picos para poco después elevarlos con los sacos gulares llenos de agua y de los pobres peces atrapados con esta metódica caza de arrastre.

Más parece una danza que una caza, fructífera por sus resultados pero espectacular a la vista.

Zoogeografía

El pelícano pardo ocupa gran parte de las costas de los dos océanos que bañan el continente americano.

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Aquí, en secuencia, mientras aflora creando un remolino. Las poderosas alas deben elevar rápidamente 4 o 5 kg de peso © Giuseppe Mazza
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Como ocurre con los cisnes y otras aves acuáticas, el despegue no es de los más fáciles y lo efectúa a saltos © Giuseppe Mazza
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Finalmente se alza con sus 2,5 m de envergadura. Puede vérsele volando en contra del viento, a gran velocidad y con las alas extendidas, muy cerca de la superficie, casi tocándola, subiendo y bajando los valles de las olas como manejado por un altímetro automático que lo mantuviese a una distancia constante de la superficie © G. Mazza

En la costa atlántica llega a tocar Nueva Escocia al norte, en Canadá, ocupando extensamente todo el litoral hacia el sur hasta la costa nororiental de Brasil, específicamente hacia la desembocadura del Amazonas, incluyendo totalmente la cuenca del golfo de México y el mar Caribe, así como todas sus islas.

En la costa pacífica, partiendo de la Columbia Británica, también en Canadá, se extiende hacia el sur hasta llegar a Perú, incluyendo las islas Galápagos.

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Nido en una colonia de garzas sobre mangles. El Pelecanus occidentalis anida sobre todo en colonias, a menudo junto a otras especies. Lugares sin depredadores terrestres, a veces islotes, y nunca por encima de 3-4 m. Aquí un macho que defiende su pequeño territorio mientras la hembra, junto a él, está dedicada a incubar © Giuseppe Mazza

Se trata de un área de distribución vastísima y densamente poblada durante todo el año, aunque algunas poblaciones muestran movimientos temporales de corta distancia con intercambio y superposición de las poblaciones originales, en particular durante el invierno, cuando los ejemplares del extremo norte descienden hacia latitudes ligeramente inferiores.

Ecología-Hábitat

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La incubación dura en torno a 4 semanas y, tras la eclosión, las crías no podrán volar aún durante otras 9 semanas, durante las que se quedan en las ramas de alrededo © Giuseppe Mazza

El pelícano pardo es un ave marina y difícilmente se le encuentra muy distante de la costa.

Su presencia es fácilmente detectable tanto por el continuo ir y venir de ejemplares a lo largo de la costa en busca de alimento como por el usual uso como percha de descanso de todos los soportes y estructuras hechas por el hombre que den al mar. Es el típico habitante de puertos, muelles y embarcaderos, barcas ancladas, plataformas industriales en el mar o eventuales pecios cercanos a la costa.

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Los inmaduros tienen un plumaje muy similar al de los adultos, con mayor cantidad de marrón por todo el cuerpo pero un vientre grisáceo más claro que el de los padres © Giuseppe Mazza

Ha aprendido a frecuentar oportunamente este hábitat desafiando con frecuencia la ira de los habitantes humanos de estos lugares ya que, además de ensuciar continuamente con su guano abundante y maloliente, tiende a abalanzarse sobre cualquier cosa comestible que pase bajo sus ojos.

No es raro verlos lanzarse de improviso a bordo de los botes de pescadores para robar las capturas que sin temor han dejado a sus pies, sin mostrar el mínimo recato o miedo hacia las personas presentes.

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Una pareja sale a pescar. No hay dimorfismo cromático entre sexos, siendo el macho más grande. A menudo, casi como un baila, el pelícano pardo caza en grupo © Giuseppe Mazza
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Aquí los dos avanzan lado a lado, entre nubes de salpicaduras, sondeando con sus enormes picos el fondo, como si se tratasen de redes de arrastre © Giuseppe Mazza
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Aquí vuelven a salir satisfechos… hay algo grande en el pico © Giuseppe Mazza
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La pesca ha sido exitosa y las presas se agitan en los grandes sacos gulares. Ahora no queda más que alzar el pico hacia el cielo y engullir la comida © Giuseppe Mazza

Sin duda se ha convertido en un invasor y a veces en número excesivo, especialmente en las cercanías de puntos de pesca o de elaboración de productos de pescado. Aprenden con precisión horarios, tiempos y métodos para colocarse en lugares preestablecidos donde pueden gozar de los descartes de la manufactura. Fuera de estos lugares antropizados, este pelícano ama los ambientes marinos con aguas poco profundas, desembocaduras de ríos, manglares, playas resguardadas y bancos fangosos.

Morfofisiología

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Pero además de la pesca de arrastre efectúa también zambullidas desde el cielo. Aquí un adulto listo para tirarse mientras observa desde lo alto la situación © G. Mazza

El pelícano pardo es una de las tres especies de su género en el Nuevo mundo junto al Pelícano peruano ( Pelecanus thagus ) y al Pelícano norteamericano ( Pelecanus erythrorhynchos ), y de entre estos es el de menor tamaño.

Sea como sea tiene una longitud total de más de 120 cm de los que alrededor de 35 corresponden al pico solo, un peso medio de 4 kg con máximos de más de 5 kg y una envergadura que llega a los 2,5 m. El peso, en cualquier caso, es en torno a la mitad del de sus congéneres americanos.

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En el momento justo se zambulle verticalmente en las calmas aguas del puerto a no menos de 60 km/h. Operación difícil y peligrosa con pirueta. El pico abre camino en las olas y el impacto aturde a los peces facilitando su captura © Giuseppe Mazza

Es uno de los pocos pelícanos que practican habitualmente la pesca mediante zambullidas arriba descrita, aunque algunas especies americanas han sido vistas en ocasiones efectuando el mismo comportamiento de caza.

El pico y la cabeza son los dos elementos más característicos de esta ave al igual que lo son de sus congéneres esparcidos por todo el mundo. El pico, además de ser larguísimo, es también bastante ancho, casi como si fuese una enorme cuchara pensada para recoger la mayor cantidad de agua durante la pesca, ayudado en esta función por una bolsa de piel elástica y extensible que al colgar de la mandíbula inferior aumenta aún más la capacidad de este contenedor. Un instrumento que el pelícano utiliza como si fuese una red y que, como resultado de una convergencia evolutiva, hace asemejarse su boca mientras pesca a la enorme de una ballena: expulsa el agua filtrándola entre las mandíbulas para después engullir solo las presas capturadas. El pico está provisto en su punta de un terrible y durísimo espolón, fuerte y cortante, que sirve para agarrar las presas más grandes.

La cabeza es extraordinariamente grande, incluso en comparación con las ya enormes dimensiones de esta ave. Por otro lado, para sostener el peso de semejante pico que puede pesar varios kilos cuando está lleno de agua hace falta disponer de una musculatura excepcional implantada en un cráneo de debido tamaño. El cuerpo es macizo y rechoncho y se erige sobre patas cortas y potentes provistas de pies palmeados de enorme tamaño, como si fuesen aletas postizas. Como queda claro, el tamaño es excepcional en cada una de las partes de esta poderosa máquina.

En la librea nupcial la cobertura superior y todo el cuerpo hasta la cola son ampliamente de color marrón grisáceo, mientras que la cabeza y la garganta son de un distintivo blanco níveo. El cuello, en toda su longitud partiendo desde la nuca, es, en cambio, de un marrón pardusco muy intenso con una cresta formada por plumas cortas de color avellana, un encrespamiento eréctil que desciende desde el occipucio a lo largo de unos 20 cm por la nuca, característica por la cual recibió el nombre vulgar de pelícano pardo.

El pico es gris azulado y las patas son negrísimas. Los ojos están bordeados de piel desnuda de color rosa, con el iris ligeramente azul con tendencia al gris. Las hembras y los machos son indistinguibles por el color, siendo la hembra de un tamaño sensiblemente menor.

En el periodo postnupcial el cuello pierde por completo el color marrón, haciéndose completamente blanquecino aunque desarrolla, en el periodo que precede a la muda hacia la librea nupcial, una coloración amarillenta en la nuca en correspondencia con la cresta.

Los inmaduros tienen un plumaje muy similar al de los adultos, con una mayor cantidad de marrón por todo el cuerpo y el vientre grisáceo, más claro que el de los adultos. Se han descrito diversas subespecies vinculadas en su mayoría a específicas áreas del territorio que ocupa.

El Pelecanus occidentalis carolinensis ocupa la costa atlántica de los Estados Unidos y, atravesando las costas continentales del golfo de México llegan al sur hasta Honduras, ocupando también la costa pacífica desde Honduras hasta Panamá; el Pelecanus occidentalis californicus es propio de las costas del océano Pacífico desde el límite norte del área de distribución hasta México; el Pelecanus occidentalis occidentalis es estrictamente atlántico, habitando todo el Caribe hasta Colombia, Venezuela, la región de la Guyana y el norte de Brasil; el Pelecanus occidentalis murphyi ocupa el extrema meridional del área de distribución pacífica; y el Pelecanus occidentalis urinator es endémico de las Galápagos.

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Aquí una insólita zambullida en pareja: un adulto con un joven perfectamente sincronizados. No sabremos nunca si es una mamá que enseña esta difícil técnica a su hijo o si ambos miraban al mismo pez © Giuseppe Mazza

Muchas de las subespecies pueden emparejarse y, de hecho, producen híbridos en las áreas de superposición.

Etología-Biología reproductiva

Las parejas de pelícano pardo duran solo una estación reproductiva, separándose y emparejándose en la siguiente con un compañero distinto.

Nidifica principalmente en colonias, aunque ocasionalmente lo puede hacer aislado, siempre en lugares cercanos que den a extensiones de agua. La plataforma está formada por grandes ramas, tallos de castañuela de agua, raíces y hierbas secas, amontonados sobre las ramas de árboles bajos o incluso en tierra allí donde no haya peligro de depredadores terrestres, en cualquier caso nunca a alturas superiores a 3 o 4 metros del suelo.

Pone de dos a tres huevos grandes de color blanco que son incubados durante alrededor de 4 semanas por ambos progenitores, y los polluelos aún necesitarán nueve semanas más tras la eclosión para ser capaces de volar. Aún así, saldrán del nido tras alrededor de 40 días, permaneciendo en las ramas en torno al nido a la espera de su primer vuelo.

Con este ciclo reproductivo tan largo es natural que este pelícano saque una sola nidada al año.

No es muy vocal, pero cuando emite su graznido es bastante ruidoso y detectable desde una buena distancia.

El pelícano pardo es principalmente piscívoro, aunque no desdeña anfibios, moluscos y crustáceos, y también es un oportunista, comiendo ocasionalmente polluelos de otras aves así como sus huevos. Su costumbre de pescar zambulléndose no está libre de riesgos.

Varios kilogramos proyectados a no menos de 60 km/h contra una superficie para nada blanda provoca un impacto brusco y un choque no siempre felizmente superado, en particular por los jóvenes inexpertos. No es raro que sufra heridas y daños el ejemplar que aún no ha aprendido a la perfección como llevar a cabo esta peripecia, aunque esta ave está dotada de sacos aéreos de notable capacidad que amortiguan notablemente el fuerte impacto con el agua. El pico se convierte en el punto de fuerza en esta operación en tanto en cuanto debe penetrar verticalmente a fin de que guíe el cuerpo entero en la entrada al agua. Una incorrecta penetración provoca ineludiblemente una brusca desviación en la trayectoria con un movimiento anómalo del cuello y de las vértebras cervicales, con inevitables daños. Parece que el impacto de semejante mole aturde momentáneamente a los peces golpeados por la onda de choque, facilitando así su captura.

El pelícano tiene una importante simbología tanto en la religión como en la heráldica y en un aspecto social. Según la religión cristiana representa el símbolo de la caridad y de la bondad, pero también del amor de Cristo por los hombres. En la heráldica el pelícano representa la piedad y la caridad hacia el prójimo.

En la historia y el aspecto social esta ave toma distintas configuraciones, pero siempre derivadas de una errada interpretación o, mejor aún, de una exaltación de su comportamiento amoroso hacia las crías. Desde la Edad Media, periodo de edición de un número de bestiarios, incluso algunos fantásticos, el pelícano siempre fue recordado por este aspecto materno suyo al límite del sacrificio.

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Este subadulto experto sigue también la superficie. El pelícano pardo es principalmente piscívoro, aunque no desdeña anfibios, moluscos, crustáceos y polluelos © Giuseppe Mazza

Cuando esta ave alimenta a sus polluelos en el nido coloca la mandíbula inferior apoyada sobre el pecho y lo abre de par en par de modo que las crías puedan, metiendo el suyo en el saco gular, coger los alimentos regurgitados ya desmenuzados. Con este proceso se ensucia irremediablemente de un color rojizo las plumas blancas del pecho, haciendo que parezca que se ha hecho sangre voluntariamente. Por tanto, enfatizándolo, ¡sería una madre que con el sacrificio de su vida alimenta a la prole con su propia sangre!

También los donadores de sangre de la asociación italiana AVIS han tomado como logo un pelícano que se desangra: un animal que dona sangre para criar a sus polluelos.

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Aquí un joven inexperto prueba la pesca de arrastre en aguas someras. Parece que lo ha conseguido… el saco gular está lleno y se dispone a tragar © Giuseppe Mazza
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Pero una oportunista Gaviota guanaguanare ( Larus atricilla ) aterriza en su cabeza preparada para, apenas alce el pico, robarle la presa. Estos son los inconvenientes de la pesca en solitario. Triste y abochornado no sabe qué hacer, su madre no le habló de este tipo de intrusos… en grupo sería más fácil ahuyentarlo © Giuseppe Mazza

Por último destacaremos que en el ámbito del folclore regional, varios países insulares del Caribe han adoptado a esta especie como ave nacional, apareciendo además en la bandera del estado de Luisiana y también como escudo en diversas asociaciones universitarias y deportivas estadounidenses.

El pelícano pardo es ocasionalmente depredado por aves tales como grandes gaviotas ( Larus sp.) y el rabihorcado magnífico ( Fregata magnificens ) pero también por mapaches (Procyon lotor) y caimanes (Alligator mississippiensis) aunque no es objeto de amenazas suficientes como para hacer vulnerable a esta especie.

 

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El archivo fotografico de Giuseppe Mazza

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