Piper betle

Familia : Piperaceae

 

Traducción en español de Ignacio Barrionuevo

 

 

Descripción y cultivo © Pietro Puccio

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Cultivado desde tiempos remotos por la costumbre de masticar sus hojas no se conoce el exacto lugar de origen, suponiéndose que es la región indomalaya, donde está presente en las selvas húmedas hasta alrededor de los 900 m de altitud.

El nombre genérico es el sustantivo latino “piper, -eris” = pimienta, usado para la especia extraída de los frutos del Piper nigrum L.; mientras que el epíteto específico deriva del nombre dado a esta especie en idioma malabar, “vettila”.

Nombres comunes: betel, betel pepper, betel vine (inglés); tanbol (árabe); pan (bengalí); kun (birmano); lou ye (chino); betél (francés); paan, tambuli (hindi); sirih, suruh (indonesio); betel (italiano); villaya (canarés); maluu (jemer); pu (laosiano); sirih (malayo); vettila (malabar); bétele (portugés); bhakshyapatra, bhujangalata, nagavalli, parna, tambula (sánscrito); bulath (cingalés); betel, pimienta betel (español); vetrilai (tamil); tamalapaku (telugu); plū (tailandés); trầu, trâu luong (vietnamita).

El Piper betle L. (1753) es una especie trepadora siempreverde, dioica, con tallos dicótomos parcialmente lignificados y engrosados en los nudos, de hasta 15 m de longitud y de 3 a 5 mm de diámetro, que se adhieren al soporte que encuentren mediante raicillas adventicias producidas en los nudos.

Las hojas, sobre un peciolo ligeramente pubescente de entre 1,5 y 8 cm de longitud, son alternas, simples, oblongo-ovadas, con ápice puntiagudo, base cordada, márgenes enteros y entre 5 y 7 nervios prominentes, de color verde intenso o amarillo verdoso y brillantes en el haz, de color verde claro en el envés, bastante coriáceas, aromáticas, de entre 6 y 16 cm de longitud y de 4 a 12 cm de anchura.

Las inflorescencias, que salen de los nudos por el lado opuesto a las hojas sobre un pedúnculo de entre 2 y 3 cm de largo, son espigas con numerosas y minúsculas flores blanquecinas o amarillo-verdosas, carentes de sépalos y pétalos, densamente dispuestas a lo largo del raquis, las masculinas semipéndulas, cilíndricas, de entre 7 y 14 cm de longitud y de 2 a 3,5 mm de diámetro; mientras que las femeninas, péndulas y cilíndricas, miden de 3 a 8 cm de longitud y de 0,5 a 1 cm de diámetro.

Los frutos son drupas carnosas, de alrededor de 2 mm de diámetro, fusionadas con el raquis formando un fruto compuesto (sincarpo) cilíndrico, carnoso, inicialmente de color verde, tornando a naranja rojizo en su madurez.

Se propaga por semilla, pero generalmente las numerosas variedades que han sido seleccionadas a lo largo de la historia son reproducidas por esqueje.

La especie necesita un clima cálido con elevada humedad atmosférica, suelos profundos, friables, arcillosos, ricos en materia orgánica, permanentemente húmedos, y una exposición sombreada, estando su cultivo limitado, por tanto, a las regiones tropicales y, marginalmente, a las subtropicales, con elevada pluviosidad anual.

En cultivo se usan diversas especies arbóreas y palmeras (por lo general Areca catechu L. y Cocos nucifera L.) como soporte, limitando su altura, con oportunas podas, a alrededor de 2 m para facilitar la recolección de las hojas.

La costumbre de masticar el “betel”, siendo esto hojas de Piper betle envolviendo pedazos de semillas (nueces) de areca ( Areca catechu L.) y cal apagada (hidróxido de calcio), como estimulante, antiséptico y refrescante de la boca, está difundida desde tiempos remotos a lo largo de India, Sri Lanka, China meridional, Indochina, Malasia, Archipiélago Malayo y las Filipinas.

La cal apagada es obtenida calcinando conchas, coral o rocas calcáreas y a los tres ingredientes principales se les añade eventualmente tabaco y especias de diverso tipo; semejante mezcla, además de provocar una abundante salivación, da a los dientes y a la boca un característico color rojo intenso. A pesar de los numerosos estudios científicos que demuestran que tal hábito puede provocar diversos efectos perjudiciales, incluso hasta heridas precancerosas en la boca, se estima que alrededor del 10 % del total de la población mundial acostumbra actualmente (2016) a mascarlo.

Las hojas, suficientemente maduras y sanas, son recogidas a mano con una porción del peciolo, lavadas y separadas en función de su tamaño y color y empaquetadas en cestas de bambú con las paredes internas revestidas de hojas, generalmente de banano, para mantenerlas frescas, y vendidas en los mercados. Además de para preparar el “betel”, las hojas, ya sea crudas o cocidas, son ampliamente utilizadas para aromatizar numerosos guisos típicos del sudeste asiático; también las infrutescencias carnosas son consumidas en algunos países. La planta tiene además un papel importante en la medicina tradicional, en particular en la india, para numerosas patologías; estudios de laboratorio han mostrado la presencia en los tejidos de la planta de diversos compuestos bioactivos con actividad antioxidante, antibacteriana y antiinflamatoria de posible empleo en la farmacopea oficial.

Sinónimos: Piper betel Blanco (1837); Betela mastica Raf. (1838); Cubeba seriboa Miq. (1840); Chavica auriculata Miq. (1843); Chavica betle (L.) Miq. (1843); Chavica chuvya Miq. (1843); Chavica densa Miq. (1843); Chavica siriboa Miq. (1843); Artanthe hexagyna Miq. (1844); Piperi betlum (L.) St.-Lag. (1880); Piper rubroglandulosum Chaveer. & Mokkamul (2008).

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Efectos neurológicos y toxicológicos del betel © Prof. Giorgio Venturini

de alerta elevado, mejora de la capacidad de trabajo, sensación de calor, sudoración y aumento de la salivación. El uso del betel induce adicción y dependencia. A pesar de la enorme difusión que tiene el uso de esta droga su mecanismo de acción aún solo es parcialmente conocido. Los tres componentes del “betel” o “paan”, a saber las hojas del Piper betle, la semilla de Areca catechu (la denominada Nuez de betel) y el hidróxido de calcio (u otras sustancias básicas como el bicarbonato de sodio), desarrollan papeles complementarios en la acción de la droga. Debe recordarse que el mismo uso de la cal es común entre aquellos que mastican las hojas de Coca.

El componente principal es la semilla de Areca catechu que contiene algunos alcaloides como la arecolina, arecaidina o la guvacolina. La primera sustancia tiene una potente acción parasimpaticomimética, estimulando los receptores para el neurotransmisor acetilcolina y esto explica la actividad estimulante del sistema nervioso central de esta droga junto con la estimulación de salivación y la acción digestiva. La Areca catechu lleva a cabo también una acción antihelmíntica. Dado que la semilla de areca contiene taninos astringentes, siendo asociado a otros vegetales en el uso tradicional, como precisamente son las hojas del betel, que estimulan la salivación y dan un mejor sabor a la mezcla atenuando el efecto astringente.

Las hojas del Piper betle contienen en cambio compuestos fenólicos que estimulan las funciones de otros neurotransmisores, las catecolaminas.

La adición de cal o de otras sustancias básicas, alcalinizando la saliva, facilita la extracción de los alcaloides y aumenta la asimilación, pero sobre todo modifica químicamente algunas de las sustancias presentes en la areca produciendo compuestos dotados de diversas actividades farmacológicas. La arecolina y la guvacolina de la Areca catechu son transformadas en arecaidina y guvacina, que interaccionan con las funciones de un importante neurotransmisor del sistema nervioso central, el GABA.

En conjunto, por tanto, masticar el betel interfiere con muchas funciones tanto del sistema nervioso central como del autónomo. Este complejo conjunto de acciones farmacológicas es probablemente el origen de los mecanismos psicoactivos que explican la popularidad del uso de esta droga que no muestra regresión desde la antigüedad.

Tanto la nuez de Areca catechu como las hojas del betel tienen actividad mutágena, cancerígena y genotóxica, bien demostradas en experimentos llevados a cabo con animales de laboratorio. En lo que respecta al hombre diversos estudios epidemiológicos muestran una asociación dosis- y tiempo-dependiente entre el uso del betel y lesiones precancerosas en la boca o tumores en la faringe, laringe y esófago. También la adición de cal a la mezcla contribuye a aumentar el riesgo de cáncer ya que puede estimular en el betel la producción de nitrosaminas, potentes sustancias cancerígenas.

El British Medical Journal ha estimado que la costumbre de masticar el betel es responsable de la mitad de los casos de tumores en la boca que se dan en la India. Otro importante efecto perjudicial del betel, citado por la American Dental Association, es el fuerte aumento de la fibrosis en la submucosa oral, una condición incurable que conduce a la rigidez de la musculatura de la boca hasta la pérdida de la movilidad de la mandíbula. Además el uso del betel, más allá de manchar los dientes, daña las encías, aumentando la incidencia de caries y caída de dientes. Debe, además, recordase que el uso por parte de mujeres embarazadas ejerce una seria acción embriotóxica.

En general algunos estudios sugieren que masticar regularmente el betel puede aumentar el riesgo de cáncer en alrededor de 8 o 9 veces, y acorta la vida media en alrededor de 6 años.

El betel y la literatura

La gran difusión en Asia del uso del betel, junto con la vistosa consecuencia de los dientes manchados y abundante salivación de color sangre ha estimulado la imaginación de autores de relatos ambientados en países orientales, visitados (como el caso de Conrad) o simplemente soñados (como Salgari) y en nuestro imaginario como lectores Oriente está poblado de gente con la mejilla hinchada con el bolo de betel, empeñada en expulsar chorros de saliva escarlata.

Emilio Salgari, “Los piratas de Malasia”:

Algunos de aquellos hombres masticaban el siri, compuesto de hojas de betel y nueces de areca, lanzando sobre el suelo sangrientos esputos.

O en “Los misterios de la jungla negra”:

Tremal-Naik…extrajo de una bolsa una hojas parecida a la de la hiedra, conocida en India bajo el nombre de betel, de un sabor algo amargo y un poco picante, a la que unió un pedazo de nuez de areca y un poco de cal y se puso a masticar esta mezcolanza que parece relajar el estómago, fortificar el cerebro, preservar los dientes y cuidar el aliento.

O también Joseph Conrad en “La locura de Almayer”:

Y ambas permanecieron sentadas allí en la estrecha y silenciosa comunión de los masticadores de betel, moviendo las mandíbulas lentamente. Escupiendo decorosamente en el ancho recipiente de bronce que se pasaban de uno a otro…

 

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El archivo fotografico de Giuseppe Mazza

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