Quercus ilex

Familia : Fagaceae

 

 

Texto © Prof. Marco Devecchi

 

 

Traducción en español de Ignacio Barrionuevo

 

 

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Quercus ilex centenaria. En su madurez este árbol siempreverde, que tolera con robustas y profundas raíces pivotantes los secos veranos mediterráneos, puede alcanzar los 30 m de altura © Giuseppe Mazza

La especie Quercus ilex L., conocida comúnmente con el nombre de Encina, pertenece botánicamente a la familia de las Fagaceae.

El nombre del género Quercus es el que los antiguos romanos daban al roble.

El epíteto específico ilex es famoso al haber sido ya usado por los antiguos romanos para nombrar la planta del Acebo ( Ilex aquifolium L.), que se caracteriza por hojas de consistencia coriácea y márgenes dentados y espinosos que pueden tener una cierta semejanza a las de la encina, de donde derivaría, por tanto, parcialmente el nombre de esta especie arbórea.

Se trata de un árbol muy longevo, siempreverde, de porte arbóreo, que en su madurez puede llegar a medir hasta treinta metros de altura.

La copa se presenta en los ejemplares aislados con forma general globosa y un follaje muy denso de color verde oscuro, particularmente apreciada para usos ornamentales.

En contextos ambientales difíciles, sobre todo desde un punto de vista edafológico, las plantas pueden verse en la necesidad de contener su crecimiento vegetativo, asumiendo un porte de tipo arbustivo.

La corteza, típicamente lisa y grisácea en las fases juveniles de crecimiento, asume en los ejemplares adultos una coloración ciertamente más oscura, casi negruzca, y un aspecto arrugado a placas poligonales de pequeñas dimensiones.

El aparato radical de la encina se presenta bien desarrollado, también gracias a robustas raíces de tipo axonomorfo, capaces de explorar en profundidad los suelos, incluso los de naturaleza rocosa, permitiéndole a estas plantas sobrevivir durante prolongados periodos de sequía.

Esta singular estructura del aparato radical puede comportar problemas de enraizamiento en la fase de trasplante.

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Las flores masculinas están reunidas en amentos péndulos de entre 5 y 7 cm de longitud © G. Mazza

Las hojas son duras y coriáceas con un breve peciolo, representando un interesante ejemplo de esclerofilia, recurrente en las especies vegetales evolucionadas en y adaptadas a ambientes típicamente áridos.

Estas presentan un cierto brillo en la lámina superior, caracterizada por una coloración verde intensa, que se opone a la de la lámina foliar inferior, de aspecto tomentoso y de color grisáceo.

La forma de las hojas de la encina es muy variable y va de elíptica a lanceolada, incluso redondeada, tratándose de una especie conocida por una marcada heterofilia, esto es, la presencia en la misma planta de hojas de aspecto muy distinto con longitudes que van desde los 3 hasta los 8 cm.

La encina es una especie monoica, caracterizada por flores masculinas reunidas en amentos péndulos de entre 5 y 7 cm de longitud y de color amarillento, y flores femeninas reunidas en espigas pedunculadas.

La antesis tiene lugar a finales del periodo primaveral con una polinización de tipo anemófilo, a la que sigue la producción de frutos, en este caso consistentes en bellotas ovales de color castaño oscuro que están completamente maduras en el otoño del mismo año de floración.

Las bellotas, generalmente reunidas en grupos, presentan cubierta algo menos de la mitad de su superficie por una característica cúpula.

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Rama con bellotas en desarrollo. Las hojas de la encina nos muestran al mismo tiempo un ejemplo de esclerofilia (adaptación usada por las plantas de ambientes áridos cuyas láminas foliares son duras y coriáceas para reducir la evaporación) y de heterofilia (variabilidad de la forma foliar en la misma planta) © Giuseppe Mazza

El área de distribución de la encina comprende una amplia parte de la cuenca del Mediterráneo, con particular presencia en la península Ibérica, el sur de Francia y la península Italiana.

En estos ambientes, la encina es capaz de constituir formaciones forestales muy densas, denominadas “encinares”, en las que la intensidad lumínica bajo el dosel arbóreo resulta verdaderamente reducida, seleccionando un sotobosque de especies esciáfilas como el Rusco ( Ruscus aculeatus L.), la Hiedra (Hedera helix L.) o el Durillo (Viburnum tinus L.).

En los encinares se forman frecuentemente sobre el suelo sustratos constituidos por hojas secas.

Las buenas capacidades de adaptación ambiental de la encina le han permitido también una distribución en las cercanías del mar, así como en algunos ambientes montanos más internos en asociación con especies arbóreas caducifolias, como el Roble pubescente ( Quercus pubescens Willd. ), el Fresno de flor ( Fraxinus ornus L.), etc.

Los bosques de encina presentan históricamente un interés particular para la obtención de leña y para la producción de carbón vegetal, que representa un combustible muy válido.

Muy frecuente y apreciado resulta también su uso con fines ornamentales en parques y jardines históricos y contemporáneos de muchas instituciones.

Se trata, de hecho, de un árbol que soporta muy bien la poda incluso la más severa, pudiéndosele dar una forma obligada a la copa mediante poda recurrente.

Esto último suele hacerse con las encinas cultivadas con fines ornamentales en muchos jardines históricos italianos, en particular en la Toscana y el Lazio, así como en las arboledas de muchas ciudades italianas, aprovechando su discreta resistencia a los contaminantes ambientales frecuentes en los ambientes urbanos.

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La polinización es anemófila (efectuado por el viento) y las bellotas maduras están parcialmente cubiertas por una característica cúpula © Giuseppe Mazza

 

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El archivo fotografico de Giuseppe Mazza

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Photomazza : 70.000 colour pictures of animals and plants