Rosas sin injerto: crecen sobre sus raíces. Las ventajas.

Rosas conocidas, pero cultivadas de una nueva manera, sin porta injerto. Viven sobre sus pies. No existe más el problema de los "chupones" y tienen un mejor porte.

 

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Traducción en español de Viviana Spedaletti

 

 

 

 

 

La mayor parte de las rosas que se encuentran en los garden son “injertadas” y a “raíz desnuda”. La NINO SANREMO hace exactamente lo contrario.

Segura por la experiencia acumulada con Meillandina y Multirose, ha aislado, en colaboración con la Meilland, una vasta gama de variedades disponibles todo el año en maceta, que no tienen necesidad del porta injerto.

Se llaman “Garden Rose” y ostentan híbridos de Tea famosos, como Yves Piaget, Princesse de Mónaco, Catherine Deneuve, Rendez-vous, Louis de Funes, Jardins de Bagatelle, Papa Meilland o Baronne Edmond de Rotschild; arbustos insólitos, tipo Decor Arlequin; y 12 formas sarmentosas, entre ellas Pierre de Ronsard, una “rosa antigua moderna”, reconstruida en mesa para unir el reflorecimiento y la robustez de los rosales actuales con un estilo antiguo, Rimosa, la trepadora amarilla más florífera del mundo, Fandango, interminable catarata de corolas rosas, Iskra, un clásico floribunda encendida, Clair Matin, también ella “en ramos”, con pétalos irisados rosa pastel y Cocktail, con flores simples rojo geranio con corazón amarillo, cultivable también en mata.

¿Cuál es la filosofía del grupo?

La viveza de los colores, la fragancia, el reflorecimiento, la larga vida como flor cortada, pero sobre todo la “sencillez del cultivo”.

Los rosales comunes, a raíz desnuda, se plantan sólo en el período de reposo, entre noviembre y marzo, y deben ser hidratados y mimados por semanas, para que se restablezcan del trauma de la drástica poda al tallo y a las raíces; mientras éstos, cultivados en maceta, se pueden plantar todo el año, con un inmediato efecto decorativo y una reanudación rápida, ya que las raíces están intactas en su pan de tierra, llenas de reservas y con gran deseo de crecer.

Además las “Garden Rose” no son injertadas y la diferencia es “radical”.

Hasta hace poco las mismas variedades sólo se encontraban en recalcitrantes rosales “porta injerto”, de flores insignificantes pero con buenas raíces, aptas, por su morfología, a terrenos específicos.

Hoy, recogiendo de plantas madre seleccionadas pequeños esquejes apicales, con una yema de 3-4 días de vida, la NINO SANREMO, ha conseguido una “nueva versión” de las “reinas de la Meilland”, galardonadas en varios concursos internacionales. Los jóvenes tejidos, forzados a arraigar con baños de hormonas y rociados frecuentes en invernaderos computarizados en “lecho caliente”, además de estar exentas de enfermedades, crean en efecto un aparato radical autónomo y vigoroso, capaz de adaptarse a varios suelos, con un desarrollo “compactante” en los terrenos arenosos, para buscar el agua en profundidad y un crecimiento “horizontal” en los arcillosos y poco aireados.

Y bien alimentados, estos rosales son obviamente más robustos, más resistentes al frío y a las enfermedades, más tolerantes a los suelos demasiado ácidos o alcalinos, para no hablar de su porte redondeado, más armonioso y natural.

Aquí no sirve hacer la “guerra a los chupones”, las insidiosas ramas del porta injerto que aparecen repentinamente de la nada y quitan energías a la planta transformándola en una antiestética mezcla de hojas y flores diferentes; y si a causa de un incendio, de una helada excepcional o de un accidente sólo se salvan las raíces, en primavera las “Garden Rose” rebrotan bonitas y lozanas como si nada.

PODAS

Las podas precoces, llevadas a cabo en octubre-noviembre, no son convenientes porque estimulan la emisión “contra naturaleza” de nuevas yemas, turbando el reposo de la planta.

Para las formas arbustivas basta un solo corte, a fin de febrero, sin exagerar con las tijeras. Si hay una buena instalación de riego, la “poda verde”, veraniega, es en efecto desaconsejable, porque hasta avanzado el otoño, estos rosales casi siempre están en floración; y además, por motivos estéticos, se pueden cortar los tallos al final de la floración, dejando al menos 3-5 hojas compuestas por rama.

El corte de las variedades sarmentosas es más complejo. Puesto que sólo florecen sobre las “ramas viejas”, con al menos un año de vida, en los primeros tiempos no se tocan, pero a partir del cuarto año conviene remover las partes ya cansadas, privilegiando los nuevos brotes.

Éstos al principio son frágiles y para un crecimiento vigoroso, sin roturas, conviene atarlos en posición vertical y curvarlos sólo a fin del otoño, cuando al máximo de su desarrollo, tienen ya una consistencia leñosa.

FLORES CORTADAS

Los tallos generalmente se cortan a 1/4 de la base; no conviene cortar tallos demasiado cortos, porque especialmente cuando son delgados, los “muñones” se doblarán por el peso de la parte superior.

Para una buena duración de las flores cortadas, los fustes tienen que estar al menos un tercio en el agua; y no conviene remover las hojas sumergidas, que ayudan al tallo bombeando agua con los estomas. De este modo se podrá compensar mejor la intensa transpiración de la flor y las partes emergidas, acentuada generalmente por la alta temperatura y la baja humedad relativa de los ambientes domésticos.

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