Violetas: se hibridan fácilmente para gloria de los jardines

Las violetas. Esas inmorales... Las violetas quieren cambiar color e infieles por vocación se hibridan fácilmente. Las últimas variedades. Cómo se cultivan.

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Traducción en español de Viviana Spedaletti

 

 

 

 

 

Las coloridas flores cortadas que ojean desde las vidrieras de los floristas y los jacintos blancos, colorados y violetas, que acabamos de recibir, no nos asombran justamente por el color. Desde el original el hombre ha sacado diferentes, y esto es normal.

Pero cuando en las excursiones en la montaña, después de haber hecho ramilletes de Violetas mariposa( Viola calcarata ), descubrimos idénticas amarillas, y luego blancas, rojas y bicolores, empiezan a surgirnos algunas dudas, porque pensamos instintivamente en la flora espontánea en algo de definido, inmutable de la creación.

Lo mismo si a fin de febrero, en los campos fuera de la ciudad, encontramos entre la hierba unas Violetas dulces ( Viola odorata ) cándidas como azucenas. El perfume es el justo, pero estamos desorientados y no sabemos si recogerla para preparar más tarde, en casa, alguna violeta confitada.

Es un hecho que, en naturaleza, de por sí, las violetas son ambiciosas y libertinas.

Quieren cambiar vestido, y a menudo se casan, sin reflexionar demasiado, hasta más allá de las barreras de la especie.

Si además el hombre les da una mano, hibridándolas varias veces, los resultados superan la imaginación, y ningún nombre es más apropiado que “Pensamiento”.

Con sus fantasiosos dibujos hacen pensar en pequeños duendes de caritas sonrientes, evocan, en los libros, recuerdos lejanos, y sobre todo “dan que pensar” sobre su origen en filas de incómodos botánicos.

Han nacido, parece, de cruces y recruces entre la Viola tricolor , la lútea y la altaica, pero nadie puede decirlo con certeza.

Hasta hace unos años, por los violetas de nuestros jardines, se hablaba de Viola tricolor maxima o de Viola tricolor hortensis, pero hoy, prudentemente, se prefiere usar el término más vago de Viola Wittrockiana-Hybriden.

A ellas, las violetas, poco interesan las disputas y los rompecabezas, orgullosas como están de pertenecer a una de las 7 familias botánicas de plantas de flor (sobre más de 400 existentes) que ostentan representantes en todo el mundo. Más de 900 especies, de las que al menos 400 pertenecen al género Viola, que hace la parte del león en las zonas templadas y frescas del hemisferio boreal, de Sudamérica, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda.

Al parecer, algunas violetas son arbustivas, pero comúnmente se trata de plantas herbáceas perennes, raramente anuales, que se han acostumbrado a ambientes a menudo difíciles como la tundra y las heladas tierras frente el Polo Norte.

Aquí, en los Alpes, la Violeta amarilla ( Viola biflora ) y la Violeta mariposa, superan los 3000 m de altura, mientras que la Viola eugeniae de los Apeninos, alcanza los 2500 m.

Como en toda gran familia botánica, no faltan además, también en las Violáceas, plantas medicinales: las raíces de tres especies tropicales tienen propiedades eméticas y nuestras Viole odorata y tricolor son muy estimadas en herboristería por las virtudes laxantes, emolientes y antirreumáticas.

La flor está siempre por 5 pétalos y el bajo, central, posee posteriormente una espuela, más o menos larga, que recoge el néctar. Los insectos aterrizan, atraídos por las llamativas corolas y por el perfume, y para alcanzarlo siguen un “recorrido obligado”, sugerido por matices de color y líneas convergentes sobre los pétalos.

Verdaderas “carteles de neón” de los pequeños restaurantes del prado, donde el precio a pagar es la polinización.

La Viola mammola y algunas otras han inventado además unas flores especiales muy pequeñas, llamadas “cleistógamas” (de kleïstos = cerrado y gámos = bodas), que no necesitan de polinizadores. No se abren nunca: quedan cerradas hacia el exterior y se autofecundan, dando igualmente frutos.

En las violetas siempre se trata de cápsulas, que se abren, madurando, sobre tres lados, y esparcen alrededor las semillas. Sistema óptimo por la difusión de la especie, pero pésimo para los floricultores que deben recogerle una a una, antes que estallen, controlando a diario si se han levantado y han adquirido el tinte blanco-amarillento típico de la maduración.

¿Pero cuáles son las especies hortícolas?

Ante todo la graciosísima Viola cornuta, endémica de los terrenos calcáreos de los Pirineos. Poca conocida, aquí, no toma el nombre de tristes hechos de infidelidad conyugal (todas las violetas, excepto las cleistógamas que practican el incesto, son potencialmente infieles), sino de la llamativa espuela, a menudo más larga que los pétalos.

Tolerante al frío y a los climas continentales, se ha afirmado como planta de jardín en Europa central, donde ha dado origen a cultivar con flores, a menudo grandes, en varias tonalidades de azul o blanco.

Luego viene la Viola mammola, antes muy cultivada en la costa para los famosos ramilletes que se ofrecían a las señoras. Como el delicado perfume revela la humilde presencia de las violetas entre la hierba, los mini-bouquet de violetas simbolizaban las numerosas virtudes de las damas, escondidas por modestia, pero evidenciadas, a pesar de ellas, por las obras.

Para aprovechar al máximo sus dotes “seductoras”, en el siglo pasado fueron sacadas variedades de perfume intenso y persistente (en la forma espontánea desaforadamente se desvanece de prisa), con flores dobles y “cuatro estaciones” con numerosas floraciones durante el año.

Pero la violeta clásica, la reina de belleza de nuestros jardines es, sin duda, el Pensamiento.

En italiano lleva el mismo nombre vulgar de la Viola tricolor de los campos, pero aunque un poco de tricolor vive aún en la Viola Wittrockiana-Hybriden, pienso que sería necesario por lo menos distinguirlas “Pensamiento” y “Pensamiento salvaje”.

Como para las rosas, cada año salen cultivar siempre nuevos, a menudo sorprendentes, con pétalos ondulados o planos en infinitas combinaciones de colores y dibujos.

Los Pensamientos necesitan sol, terreno fértil bien drenado y riegos frecuentes. Florecen a partir de marzo-abril, pero en la costa, donde el clima lo permite, son generosas de flores durante todo el invierno.

Las prácticas de cultivo varían mucho de región en región. En los viveros se siembran (al aire libre o en cajones fríos) en junio para tener flores en otoño, en julio-agosto para las floraciones de primavera y en enero para las veraniegas de las localidades alpinas.

Aunque la Viola Wittrockiana-Hybriden pudiera ser cultivada como bienal, se prefiere en efecto extirparla después de la primera floración porque luego la planta crece desordenadamente y las flores escasean.

También hay quien aconseja esparcir directamente las semillas sobre el terreno, en otoño, pero generalmente, para conseguir precisos efectos decorativos, es preferible partir de plantines. Algún abono líquido después del trasplante, las volverá enseguida lozanas y listas para florecer.

Para conservar híbridos especialmente logrados, se interviene, en julio, con esquejes de 2-5 cm de las ramas laterales no floríferas, a menudo ya provistos de raíces. Se colocan en una mezcla de arena y turba, y luego en recipientes con un compuesto más rico donde, según el clima, esperan el otoño o la primavera para ser trasplantadas en jardín.

RECETA VIOLETAS CONFITADAS

Hervir, en un litro de agua, 1 kg de azúcar con una nuez de glucosa, hasta obtener un jarabe al 35/40% (puede ser medido con un pesador de jarabe). Sumergir rápidamente las flores de Viole mammole y extraerlas con la espumadera, poniéndolas a secar sobre una rejilla.

 

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